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lunes, 28 de marzo de 2011

De la mano por la vida

Hace ya varios años, en Estados Unidos se produjo una guerra judicial entre varios ciudadanos anónimos y las grandes compañías tabaqueras. Estos ciudadanos, enfermos de cáncer en su mayoría, acusaban a la industria del tabaco de venderles un producto dañino para la salud, que les había producido una gran adicción que había derivado en sus respectivas enfermedades. Eso, y que no les habían informado de los peligros del tabaco.

Esas demandas me extrañaban sobremanera, porque siempre había considerado que los peligros del tabaco eran bien conocidos, y que aquel que comenzase a fumar, sabía dónde se metía, al igual que los que beben y los que toman cualquier otro tipo de droga. Claro que entonces el tabaco no estaba mal visto, al contrario, se veía como signo de haber pasado a la edad adulta. A mí, con quince años, me preguntaban si todavía era un crío por no querer aceptar un cigarrillo, y eso a ciertas edades es muy difícil de rebatir.

Quien acababa enganchado al tabaco, podía, por tanto, echarle la culpa a la presión social, o a no hacer caso de los riesgos, pero nunca a no haber sido informado de tales riesgos. Al menos aquí.

En Estados Unidos, no sólo argumentaban que no conocían los riesgos porque las tabaqueras no les habían informado, sino que además, los tribunales les daban la razón.

Puede que tuvieran algo de razón, y que durante décadas ocultaran deliberadamente los peligros del tabaco. Pero las tabaqueras no son el único medio de información sobre el tabaco. Hay que ignorar informaciones e informes que llevan décadas avisando del problema. La actitud de las tabaqueras ha sido igual en todo el mundo, y casi únicamente en Estados Unidos fue motivo de condena.

Todo esto me hacía plantearme si los habitantes de Estados Unidos eran tan simplistas como parecía. Porque esa era la impresión: parecía que no eran capaces de tomar criterio propio, y había que darles la información bien mascadita, porque si no, se sentían engañados y te podían demandar. Y parecía que si una persona no había entendido perfectamente los riesgos, o se producía algún deseo no deseado, el culpable era el proveedor, no el usuario que posiblemente esté actuando de un modo negligente. ¿Qué culpa tiene un fabricante de café si yo acabo sufriendo insomnio por un exceso de café?

Esta manera de ir por la vida, tan infantil, tan despreocupada, en la que nosotros jamás somos responsables de nuestros actos, obliga a poner un exceso de celo a base de medidas de seguridad que a veces rozan lo absurdo, advertencias y avisos que nos hacen parecer unos bebés reprendidos por nuestros padres, y hasta retirada de productos por su potencial peligro.

Y somos las personas que queremos que nos traten como adultos, que queremos decidir por nuestra cuenta qué hacer y qué no, qué usar y qué no, valorar las posibles consecuencias y aceptarlas, los que no podemos elegir con libertad.

Esto me pasó hace tan sólo unos días. Con cierta frecuencia solemos visitar un restaurante mexicano. La comida de México tiene la fama de ser muy picante, aunque, como todo, depende de lo que le guste cada persona. En el restaurante en cuestión, la comida de base no pica, y ofrecen salsas más o menos fuertes a gusto del consumidor.

A nosotros nos gusta el picante, y mucho. Por eso, siempre pedimos el picante más poderoso, el que no suelen ofrecer porque es demasiado para la mayoría de los clientes. Lo hacemos sabiendo el aguante que tiene cada uno, y hasta qué punto lo podemos soportar.

Pues bien, ese día, pedimos el picante que nos gusta, y la respuesta que recibimos fue que ya no lo sirven. ¿El motivo? Por su potencial peligro. Al parecer, una noche lo pidió un cliente, que sin hacer caso de la advertencia de lo mucho que picaba, se metió en la boca una gran cantidad, con los consecuentes problemas médicos que supuso. Al parecer no hubo demanda, pero el susto, y para evitar que pudiera ocurrir en el futuro, decidieron retirarlo.

Y nosotros, que llevamos años disfrutándolo (y sufriendo sus efectos con estoicismo), ya no podemos degustarlo porque alguien cometió una imprudencia, de la que, seguramente, no se sentirá responsable.

Y aquí estamos, de la mano para no hacernos pupa, porque somos adultos, pero no aceptamos la responsabilidad de serlo.



miércoles, 16 de marzo de 2011

Nuclear

Hace unos días se produjo en Japón uno de los terremotos más importantes de la historia. Ese terremoto, y el posterior tsunami han producido en el país unos cuantos miles de víctimas. Si se hubiera producido en un país menos avanzado, la cantidad de fallecidos habría sido inconcebible.

Y es que Japón, que se encuentra en una de las zonas de mayor actividad sísmica del mundo, está acostumbrado a los fuertes terremotos, y tiene unas normas de construcción de cualquier edificio muy específicas para poder soportar estas catástrofes.

Sin embargo, todo tiene un límite, que suele estar basado en el historial telúrico de la zona en cuestión. Y esas normas de poco sirven si el terremoto producido supera el nivel para el que han sido diseñados para soportar.

Eso mismo es lo que está pasando en Japón ahora mismo, en la central nuclear Fukushima. Esta central fue diseñada para soportar terremotos de siete grados y medio en la escala de Richter, cuando el seísmo producido el día 11 de marzo alcanzó nueve grados.

Japón es una isla sin recursos naturales propios, y precisamente por su condición insular, es complicado abastecer al país con recursos extranjeros, por lo que parece lógico pensar en la energía nuclear como principal método de producción eléctrica en el país, ya que cualquier alternativa parece difícil de implantar en un espacio como ese.

Desde hace décadas (sobre todo desde el accidente de Chernobyl), nos están diciendo, en contra de nuestros instintos, que la energía nuclear es segura, que se toman todas las medidas de seguridad necesarias para que cualquier eventualidad sea atajada sin poner en peligro a los habitantes de las zonas próximas a la central.

Pero todos sabemos que la seguridad absoluta no existe. Estamos viendo estos días en Fukushima que hay eventualidades no previstas, o previstas y rechazadas como improbables. Se diseñó la central según los seísmos que se habían registrado históricamente en la zona, pero no se planteó que tuviera que aguantar un terremoto más potente. Y el accidente provocado por ello, mantiene en vilo al planeta entero, ya que no se sabe cómo va a terminar.

Todo esto plantea dudas no solo en el país del Sol Naciente, sino en todo el mundo. Los que hace unas semanas decían que las centrales nucleares eran totalmente seguras, ahora anuncian revisiones adicionales. En varios países europeos se encontraban en proceso de renovación de las licencias de las centrales más antiguas. Esos procesos, que antes no planteaban dudas, ahora requerirán pruebas adicionales.

Pruebas, que seguramente jamás conoceremos en qué consisten y serán superadas en su totalidad, por lo que todo volverá a la normalidad… hasta que vuelva a pasar algo en otro lugar del mundo.

He hablado sólo de seguridad, sin comentar una de las críticas más importantes que se producen por parte de las asociaciones de ecologistas: la energía nuclear produce unos residuos altamente radiactivos, que permanecen activos, y por tanto hay que almacenar, durante miles de años, creando un problema que va aumentando con el tiempo, y difiriendo el problema a las generaciones futuras.

No sé si en Japón tienen alternativas a la energía nuclear. Seguramente sí, pero con el problema de un mayor coste. Pero, a la vista de los hechos, hay que plantearse si es el mejor método, en Japón y en otros países del mundo, incluida España. Porque, por muchos sistemas de seguridad que se pongan, por muchas eventualidades planeadas, siempre habrá algo que esté fuera de control, lo que producirá un accidente de consecuencias insospechadas.



sábado, 5 de marzo de 2011

Sobre normas y límites

Al gobierno español se le puede llamar de todo menos aburrido. Se empeña, un día sí, y otro también, en proporcionarnos temas de conversación que producen intensos debates.

Y es que, cuando el país todavía permanece dividido en dos bandos por culpa de la ley antitabaco, se ha sacado de la manga otra norma que ya está dando mucho que hablar. Me refiero a la limitación de velocidad en autovías.

Esta medida, que tiene carácter temporal, reduce la velocidad máxima en autovías de 120 kilómetros por hora a 110. El objetivo, reducir el consumo de combustible, con el ahorro consiguiente en la factura petrolífera. Por no comentar que el medio ambiente alguna mejoría notará.

Y al igual que con el tabaco, el país se ha dividido en dos mitades antagónicas. Los que están de acuerdo con las tesis y los cálculos del gobierno tienen que discutir con los que afirman que se producirán más atascos, y los que se creen con el derecho de ir a la velocidad que quieran.

Yo considero que la discusión tiene una trampa desde el principio. Se protesta por la reducción de un límite que no era respetado por buena parte de los conductores que utilizan las autovías. Son precisamente los que más protestan por el cambio de norma los que menos respetaban el límite anterior, lo que hace pensar que este lo respetarán del mismo modo… sólo cuando pasan por un radar.

Últimamente nos creemos con derecho a todo, cuando se nos limita algo por el motivo que sea, por muy válido que sea ese motivo, ponemos el grito en el cielo criticando al estado controlador, si multan para hacer cumplir la ley, nos quejamos del estado represor. Y quien no respeta esta clase de normas, considera intolerante a quien pide que se respeten.

Con estas cuestiones surgen contradicciones cuanto menos curiosas. La primera, es que si una persona está a favor, por ejemplo de la reducción de velocidad pero en contra de la ley antitabaco, puede acabar criticando en un caso los mismos argumentos que usa en el otro, sin darse cuenta siquiera que usa tesis opuestas en cada caso.

La otra contradicción es más seria. La ciudadanía en general se muestra muy activa para criticar estas limitaciones de derechos, pero cuando se trata de derechos más importantes, como los laborales, agachan la cabeza y se conforman con los que les queda, diciendo la famosa retahíla de “al menos sigo teniendo trabajo”



domingo, 13 de febrero de 2011

Más asfixia el paro que la contaminación

Hace días que oímos hablar de una nube de polución que asfixia a las dos grandes ciudades del país, Madrid y Barcelona. El hecho de ser dos ciudades con un tráfico intenso con la falta de lluvia que padecemos ha sido el detonante para que los límites de la polución se dispararan y saltaran varias alarmas.

La norma fija que el nivel de 200 microgramos no se puede superar más de 18 veces al año, pero algunas estaciones en Madrid y de municipios del área metropolitana lo superarán durante este episodio de contaminación.
Pero su alcalde lo tiene claro, dos días antes de que se avisara a la población del alto porcentaje de contaminación que sufría su ciudad y de que era mejor usar el transporte público que no el privado, al señor Gallardón no se le ocurre nada mejor que decir que
todo obedecía a una campaña del gobierno en contra del consistorio que preside.
Y el ayuntamiento insiste que los umbrales a partir de los cuales hay que avisar a la población no se han superado, pero que lo hacen por precaución.
Y la web del ayuntamiento señala que la calidad del aire es buena. De primera, no te jiba!
Eso si, ayer bastaba darse una vuelta y ver que la sierra era apenas visible venia a ser lo mismo. Jugaba al escondite ¿a qué si, Señor Gallardón?

La prensa Internacional se ha hecho eco del asunto de la polución y el Financial Times publica un artículo donde dice que la reducción de contaminación anunciada por Gallardón es “una ilusión”

Pero claro no teníamos en cuenta de que en el ayuntamiento de Madrid tienen a la mejor concejal de medio ambiento que se ha visto y se vera, Doña Ana Botella. Quién nos ha dejado perlas como :
• La contaminación en la ciudad "no es nociva para la salud de los ciudadanos".
• Más asfixia el paro que la contaminación
• que el debate sobre la polución está contaminado electoralmente (vamos que se da la manita con su alcalde)


Si señora, eso es una concejala y lo demás son tonterías! Espero que la señora de Aznar tenga twitter y vea la que se ha montado allí a su costa, a ella gracia no le hará pero el resto nos morimos de la risa con los #botellafacts



Barcelona que era la otra ciudad con alto índice de polución ha anunciado que mantendrá unos días, la limitación de 80 kilómetros por hora para las carreteras de acceso a Barcelona. La medida la impuso el tripartito y su eliminación era una de las promesas electorales de Mas.

La Generalitat como mínimo ha admitido que la situación va a empeorar y que miles de personas están respirando aire sucio. Soluciones igual tampoco ponen las que debieran, pero al menos no se ríen del personal es su propia cara y eso como poco es de agradecer.


Humor negro

El tema que trataremos hoy es muy serio, porque nos habla del mundo y de nosotros mismos. Me refiero al humor.

Una de las cosas que diferencia a los seres humanos de la mayoría de los animales del planeta es su capacidad de reír. Más exactamente, de reírse de sí mismo y de sus miserias. Además, el humor es utilizado para trasgredir los límites marcados por la sociedad en la que vivimos.

Para que un chiste haga gracia, ha de provocarnos. Ha de ponernos en evidencia ante el mundo, ya sea por nuestra forma de pensar, aceptando verdades tautológicas sin siquiera planteárnoslas, ya sea por su falta de corrección política.

Por eso el humor blanco (el que no se mete con nada ni con nadie) apenas nos hace poner una mueca en la cara, normalmente creada por lo absurdo que por el chiste en sí. Y por eso los chistes verdes, que tanta gracia nos hacían de pequeños o al mundo hace unas décadas, sólo nos sorprenden si son especialmente escatológicos o fuera de lugar, ya que el sexo para la mayoría de adultos, se ha convertido en un tema de conversación más.

Nos reímos, pues, de lo que no debemos. Da igual si es por nacionalidad, por raza, por estatura o porque tiene piojos. En un chiste podemos ser xenófobos, sádicos o misóginos. Porque es sólo un chiste, y no tiene por qué reflejar lo que pensamos de verdad.

Claro que vivimos en una sociedad que en este aspecto tiene dos problemas importantes: tiende a poner la corrección política por encima de todo, y convierte los comentarios de cualquier persona, por sarcásticos que sean, en paradigma de su opinión.

Eso le pasó al director de cine Nacho Vigalondo, que tenía un blog de cine alojado en la web de El País, medio para el que dirigía y protagonizaba una campaña publicitaria. En resumen, cuando en su twitter llegó a cincuenta mil seguidores, dejó dos mensajes que decían:

  • "Ahora que tengo más de 50.000 followers y me he tomado cuatro vinos podré decir mi mensaje: ¡El holocausto fue un montaje!"
  • "Tengo algo más que contaros: la bala mágica que mató a Kennedy ¡todavía no ha aterrizado!".


Por el primer mensaje fue acusado de antisemita y negacionista, lo cual llevó a la dirección de El País a cortar los vínculos que le unían al director. Eso transformó la discusión en un problema sobre libertad de opinión y de información. El resumen de los acontecimientos, fue bien explicado por la Defensora del Lector de El País.

No comparto la actuación del medio en cuestión, ni las conclusiones de su defensora. Si tomamos los dos mensajes juntos, vemos claramente que no está negando el Holocausto, al contrario, se ríe de los que creen ciegamente en teorías conspiratorias. Podría haber dicho que ha estado en el borde de la Tierra Plana o que estaba rodando la llegada del hombre a Júpiter. La idea de la broma sería la misma. Y no creo que fuese malinterpretado, así que el problema no lo veo en el chiste, sino en los que no lo han entendido.

Dicen también que no se pueden hacer bromas sobre ciertas cosas. Y yo pregunto ¿está prohibido hacer chistes sobre judíos, o sólo sobre el Holocausto? Si no podemos hacer chistes de judíos, ¿no tendremos que dejar de lado también los gitanos y los negros? Ya puestos, tampoco podremos hacer chistes de franceses, o de vascos o catalanes. Ni, por supuesto, bajitos, homosexuales o tontos. Y si el problema son los seis millones de muertes que se produjeron en los campos de concentración ¿Cuántos muertos pueden aparecer en un chiste? ¿Uno, ninguno? ¿Y enfermedades que producen sufrimiento, como el cáncer? ¿Cuánto dolor se puede permitir en un chiste? ¿Podré hacer un chiste de alguien que se pille un dedo en la puerta?

Y a todo esto, ¿puedo dar una opinión que no sea políticamente correcta, pero que no es delito? ¿Está por encima la corrección política o la libertad de expresión? Porque en España, negar el Holocausto nos parecerá una barbaridad, pero no es delito.

El problema radica en que en esta sociedad hay que ser siempre políticamente correcto. Y eso nos convierte en buenos ciudadanos, pero nos coarta como individuos, limitando nuestra libertad e independencia, nos hace más moldeables y fáciles de controlar. Debemos tener espíritu crítico, crear nuestras propias opiniones y ser consecuentes con lo que pensamos, aunque ello suponga reírnos de lo que es serio.

Y es que si dejamos de reírnos de nuestras miserias, dejaremos de ser personas, para convertirnos en individuos.


domingo, 6 de febrero de 2011

Revolución

En este mundo tan acelerado, de consumo rápido, las noticias tienen la misma esperanza de vida útil que cualquier otra cosa: muy escasa. Surge un tema considerado interesante, al que los medios le dedican una atención intensa durante unos días, y cuando ya la gente se acostumbra al tema y disminuye la atención, se empieza a pasar página, buscando otro tema con el que llenar las portadas y anestesiar a la población.

En esta ocasión, el tema de la semana viene desde Oriente Próximo, más concretamente desde Egipto, donde una gran revuelta social está intentando derrocar al presidente Hosni Mubarak.

Egipto es, en teoría, una democracia. Digo en teoría, porque su presidente ha sido reelegido con mayoría aplastante cinco veces seguidas (lleva en el poder desde 1981), en votaciones donde se han denunciado numerosas irregularidades. Ahora, tras unas nuevas elecciones calificadas de fraudulentas, la población ha decidido salir a la calle para echar al supuesto tirano.

Si nos atenemos a las informaciones, los egipcios han abierto los ojos de repente, y se han dado cuenta que estaban gobernados por un tirano, y que merecen vivir en una democracia, creyendo firmemente que lo que venga después, será siempre mejor. Los manifestantes son buenos, Mubarak es malo.

Claro que Mubarak no era tan malo cuando llegó al poder hace ya casi treinta años, cuando Egipto se convirtió en casi el único aliado musulmán de Israel, o tenía una visión de los problemas de la zona que se parecía mucho a la de Estados Unidos, llegando a convertirse en un fiel aliado que frenaba el avance del integrismo de la zona (al igual que hacía Sadam Hussein en Irak, o Bin Laden con los rusos en Afganistán.

Tampoco era tan malo cuando Egipto sufrió una ola de atentados cuyos objetivos eran los autobuses de turistas extranjeros. Esos atentados se supone eran obra de los Hermanos Musulmanes, cuyo objetivo era convertir Egipto en un país islamista, lo cual chocaba contra los intereses económicos sobre la zona. Mubarak era el que mantenía a los retrógrados a raya.

Ahora, tres décadas después, bajo el acoso de una revuelta que no sabemos quién ha iniciado ni qué intereses tiene, no resulta rentable defenderlo, y los países occidentales piden la salida del líder egipcio.

Nos dicen que los jóvenes egipcios buscan la democracia. Parece ser que el hecho de que la segunda fuerza política en Egipto sean los otrora terroristas Hermanos Musulmanes es algo anecdótico, y que no hay peligro de convertirse en un estado integrista.

No defiendo a Mubarak, ni condeno a los insurgentes. Tampoco hago lo contrario. Las informaciones que recibimos siempre sobre estos acontecimientos es tan sesgada que no podemos tomar una postura bien informada. Será el tiempo el que diga si ésta es una revolución democrática, o un golpe de estado para poner a un Imán al mando.

Pero eso será en el futuro, cuando las cámaras se hayan marchado, nos hayamos olvidado de los jóvenes de la Plaza de la Libertad, y tengamos toda nuestra atención centrada en la nueva noticia de la semana.



domingo, 30 de enero de 2011

La "i" minúscula

Llevamos tres largos años mareando la perdiz de la crisis económica. Después de tanto tiempo, las cifras deberían haber empezado ya a mejorar, pero esto no está ocurriendo.

¿Por qué? nos preguntamos todos. La mayoría tiene claro que el único motivo es la incompetencia del gobierno. Muchos, por la desfachatez del mercado, que obligó a los gobiernos a endeudarse fuertemente para salvar el sistema financiero, y ahora el propio sistema especula precisamente por este alto endeudamiento. Más de uno cree que es la Ira de Dios. Y siempre podremos encontrar gente que defienda los argumentos más locos.

Aparte de considerar que casi todos tienen su parte de razón, y el motivo sería una suma de casi todos ellos (no creo que Dios se meta en asuntos financieros) existen otros motivos para que la recuperación en países como España vaya todo más lento.

La mayor parte del crecimiento económico español de las últimas décadas, han venido de la mano de la construcción y del turismo. Poca industria, poca producción. Mucho servicio y poco bien. Poco progreso real. Teníamos un modo de crecer que garantizaba números rápidos, pero poco estables. Y eso lo estamos pagando.

¿Y por qué tan poca industria? Para entenderlo, hay que retroceder en el tiempo muchos años. Casi treinta. Cuando Felipe González llegó al poder. Se encontró con una industria vetusta, que arrastraba muchos problemas, con un sistema de producción tan anticuado que no era competitivo. Las grandes industrias españolas arrastraban grandes pérdidas y había un riesgo real de colapso. Para evitarlo, realizó una reconversión industrial que fue dura, dolorosa, que dejó a miles de personas sin trabajo. Pero era necesario hacerla.

Una parte de esa reconversión fue la creación de un plan de Investigación y Desarrollo (I+D). Era necesario invertir en investigación para poder tener tecnologías propias. Y era necesario poder convertir esas tecnologías en productos con los que poder competir en un mercado cada vez más competitivo y globalizado.

Esa reconversión a la larga fue beneficiosa, ya que permitió al país remontar y empezar a crecer a un ritmo importante, ayudado también por el dinero que llegaba desde la Unión Europea a la que acabábamos de llegar. El aumento de los presupuestos de I+D tuvo una labor importante en esa remontada.

Tras catorce años en el poder, llegó el cambio de Gobierno. Corría el año 1996 cuando José María Aznar llegó al poder. El cambio se produjo al final de una crisis. El nuevo gobierno, para acelerar el crecimiento, optó por varios cambios en el esquema productivo nacional. Se dio mucho peso al mercado inmobiliario, que estaba poco desarrollado en España y daba mucho margen de mejora, se potenció el turismo más de lo que estaba ya, y se produjeron cambios en la I+D.

Se dejó de hablar de I+D, para pasar al I+D+i (Investigación, Desarrollo e Innovación). La innovación tiene muy poco que ver con la I+D, ya que poca investigación requiere, y los resultados parecen novedosos, pero realmente no lo son. Es, como diría Homer Simpson, “coger algo que ya funciona y añadirle un reloj o algo así”.

El motivo de añadir la “i” minúscula es la necesidad de maquillar cifras. Se amplían los presupuestos, parece que vamos progresando, pero realmente poco nuevo hay bajo el sol. Es útil para conseguir buenos resultados a corto plazo, pero a largo… la cosa se tambalea.

Llega el año 2004, y se produce otro cambio de gobierno. Entra José Luis Rodríguez Zapatero, que se encuentra con una economía en franco crecimiento, pero muy desequilibrada. Seguramente sabe que ese desequilibrio a la larga creará problemas, sería necesaria otra reconversión profunda para conseguir un crecimiento menor, pero más seguro.

Tuvo tres años para arreglar las cosas antes de que estallase la crisis. Pero (ya sea por miedo, por mantener su eterno talante o porque la reducción drástica del crecimiento nada más llegar al poder le parecería ser un inútil) no hizo nada.

Si Aznar no hubiera creado un modelo económico de resultados rápidos pero poco sólidos, o si Zapatero hubiera hecho su trabajo cuando podía hacerlo, y no cuando ya es demasiado tarde, la crisis habría llegado y habría sido igual de dura, pero al menos, saldríamos antes de ella.



domingo, 23 de enero de 2011

Okupas y propiedad privada

La Constitución Española reconoce, entre otros muchos, el derecho a la propiedad privada y el derecho a una vivienda digna. El problema surge cuando ambos derechos llegan a ser incompatibles, como ocurre para miles de personas en una sociedad en crisis y con el precio de la vivienda inasumible, incluso en alquiler.

Y es que no debería ser normal que en nuestro país haya casi tres millones de viviendas desocupadas, mientras tanta gente queda abocada a vivir en al calle, o hacinados en pisos que no pueden ni garantizar el espacio vital de sus ocupantes. No debería ser normal, pero lo es.

La solución que toman algunos parece lógica: ya que hay pisos vacíos, me meto en uno, y aguanto allí hasta que me echen. Y después ya veremos.

Cuando ocurre con ciudadanos particulares, pocos se enteran de la situación: como mucho, los vecinos, que lo aceptarán o no dependiendo de lo buenos vecinos que san. Después, llega la policía, los echa, y aquí no ha pasado nada.

Otra cuestión es cuando la ocupación se realiza por cuestiones políticas o sociales. Entonces ya cambia hasta el nombre, pasando a ser okupación. Suele ser realizada por jóvenes de izquierdas, llamados antisistema (sistema y antisistema son dos hermosas palabras que merecen un análisis independiente). Es normal, ya que los okupas tienen la convicción de que el derecho a la vivienda digna o al desarrollo de las personas están por encima de la propiedad privada.

Digo desarrollo de las personas, porque una de las vertientes de la ocupación es la toma de edificios públicos o privados abandonados, de gran tamaño, para usarlos como centro cultural autogestionado, como protesta ante la falta de espacios lúdicos en muchas zonas de las grandes ciudades.

Eso mismo ocurrió en Zaragoza, donde unos centenares de okupas decidieron tomar la antigua cárcel de Torrero, montando allí un centro cultural. Los vecinos, que habían reclamado darle precisamente ese uso al edificio, no pusieron objeciones, se mostraban encantados con la decisión tomada por los jóvenes. Y como centro cultural para el barro funcionó durante unos meses.

Pero, por supuesto, el Ayuntamiento quiere mantener el control de un edificio con alto valor histórico y arquitectónico, aunque no le de ningún uso y deje que se deteriore. Manda a la policía a desalojar el edificio, de madrugada, para que los vecinos no puedan protestar. Porque los vecinos quieren que se queden ahí.

Mirándolo bien, la situación tiene su punto tragicómico. La policía atacando una cárcel, para intentar sacar a unos jóvenes delincuentes de ella. Y estos jóvenes que se resisten, porque no quieren salir de la cárcel.

Esto ocurrió en Zaragoza hace unos días, pero ocurre todos los días en cualquier punto del país. Y es que es más importante la propiedad de algo que no vas a utilizar, que dar un buen uso a un edificio que su dueño no quiere utilizar.

Maravillas de la sociedad.



miércoles, 19 de enero de 2011

HABEMUS BEATO

Ya dije en su día que soy atea, me reafirmo en ello cada día que pasa. Me educaron en la que se supone es la panacea de todas las religiones, la católica. Las demás son radicales, son demasiado exaltadas. O eso nos venden, porque si analizamos al dedillo la católica vemos que a veces puede ser más radical que ninguna y en cuanto a soplapolleces se lleva la palma. Y digo todo eso sin ánimo de molestar a ningún creyente y si en lo escrito anteriormente o lo que pueda escribir a continuación molesto alguna sensibilidad, pido mil perdones.

Hace unos días leo sin poco asombro que en breve, allá por mayo, tendremos un nuevo beato. Y con carrera meteórica, oiga usted, que solo seis años después de su muerte, ya lo consigue. Y es que según cuentan el bueno de Juan Pablo II – si, él es el nuevo beato – consiguió curar de párkinson a una monja. No cuento la cara que se me quedó cuando lo leí, pero os podéis dar a la idea.
El caso es que días después oigo a la propia monja, Sor Marie Simon Pierre, explicar los hechos:
Según cuenta Sor Marie, después de muerto Juan Pablo II, su congregación empezó a dirigir sus oraciones a él para que la curara, nada más lejos de la realidad, su enfermedad se agravó y ella anunció que tenia que dejar de trabajar – lo hacía en una maternidad de Aix en Provence – Su superiora le pide entonces que escriba el nombre del difunto en un papel, pero ella es incapaz de hacerlo debido a su enfermedad, pero ella es tenaz y esa misma noche lo intenta de nuevo y consigue escribir unas palabras legibles y a la mañana siguiente los síntomas del párkinson habían desaparecido.

Los médicos la consideran curada de forma "inexplicable para la ciencia", lo que permite que la iglesia acepte que hubo una intercesión milagrosa de Juan Pablo II.
El milagro sufrió un parón en el mes de marzo del pasado 2010, cuando de los médicos externos consultados por el dicasterio sostuvo que no estaba suficientemente documentado. Lo que no entiendo es que luego si lo estuviera, vamos para mi sigue siendo un expediente X.

Si ese es el milagro que lo encumbra a los altares, si eso es cierto que coño hacen tantos enfermos de párkinson que no empiezan a creer ciegamente en el difunto pontífice y empapelan el mundo con su nombre?
Que hacen los neurólogos que no recetan escribir en un papel tres palabras?

De verdad hay alguien que aun cree en esos milagros? Yo entiendo que la gente crea en una religión - bueno entenderlo no, pero aceptarlo si, que allá cada uno – que se pueda ser más o menos devoto, pero de ahí a creer en que los milagros existen... como que hay un mundo o dos si me apuráis.

Más me parece una manera de lavar la maltrecha imagen de un Papa de quien se dice sabia y ordeno tapar y dejar impunes los crímenes cometidos por Marcial Marcel –fundador de los legionarios de Cristo, pederasta y mujeriego empedernido además de plagiador, vamos una joyita.

Lo dicho, cada día me reafirmo más en mi ateísmo.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Lo que nos merecemos

En 1999 inició su andadura CNN+, el segundo canal de 24 horas de noticias español, y el primero privado. Desde el primer momento intentó mostrarse como referencia informativa, ajena al control del gobierno y buscando siempre la independencia y la rigurosidad en sus noticiarios.

Naturalmente, tenía su línea editorial, ningún medio de comunicación del mundo es completamente independiente, pero era una línea no seguida ciegamente, intentando anteponer siempre la información a la búsqueda de un rédito beneficioso. Unos dirán que lo logró ampliamente, otros en cambio opinarán que las noticias las dictaban desde los despachos y no desde la redacción. Esa es una cuestión privada de cada uno.

Consiguió lo que se proponía, tener una imagen seria e independiente, pero lo que nunca consiguió fue su viabilidad económica. Desde el primer momento era deficitario. Y sin embargo, se mantuvo en antena durante once años. Hasta que, tras la fusión entre Cuatro (la cadena generalista de Prisa, el grupo que producía CNN+) con Telecinco hizo que el aspecto económico primase sobre la calidad o el prestigio, lo que suponía la desaparición del canal de noticias.

El final de emisión se produjo en la medianoche entre el 28 y el 29 de diciembre de 2010, sin que, por desgracia, fuera una inocentada, aunque viendo el resultado lo parece:



En el minuto 2:34, se ve cómo el canal de noticias pasa a ser el canal de Gran Hermano, un reality show de entretenimiento zafio y vacío. Sensacionalismo puro y duro.

Luego protestaremos por las reformas educativas y la calidad de la enseñanza. Nos quejaremos de los políticos que nos gobiernan y de los banqueros que nos roban. Clamaremos porque nuestro jefe nos explota sólo para ganar un poco más.

Nos quejamos, pero a la vez lo fomentamos viendo estas cosas en lugar de información útil y que da que pensar.

Nos quejamos de la sociedad que estamos construyendo. Pero seguimos construyéndola así. Tenemos lo que nos merecemos

martes, 21 de diciembre de 2010

Feliz Hipocresía 2010!

Quedan apenas cuatro días para la Navidad. Cenas y comidas familiares por doquier. Tiempo de Paz y alegría de sentarse en la mesa con nuestros seres queridos. O eso es al menos lo que nos vende.

La realidad es otra muy distinta

Hemos entrado en la época más hipócrita del año. Y lo es por varias razones, la principal porque muchos de nosotros – y no puedo más que incluirme en esta categoría, y seguramente en alguna más- nos ponemos a celebrar algo en lo que no creemos ni por asomo. Pero parece que es lo políticamente correcto y en eso andamos. Montamos el Belén y plantamos el arbolito con sus lucecitas, vestimos la casa para la ocasión y nos despachurramos los sesos pensando en el regalito adecuado para cada uno.

Es Navidad y por ello nuestros estómagos tienen que reventar en cada comida que celebremos, debemos comer como posesos unos menús que en muchas ocasiones se escapan a lo que es permisible para nuestra economía, pero antes muertos que sencillos y hay que im-presionar (con dos palabras) a la cuñada que viene a cenar a casa.

Seguimos con la mesa... hay que sentar en ella a toda la parentela por mucho que nos repatee los higadillos hacerlo, y además con buena cara, que es Navidad!. Que no ves a tus hermanos más que dos veces al año y por puro compromiso? no pasa nada, en Navidad los invitas a tu casa y les sirves con tu mejor sonrisa. Luego cuando pase casi un año más sin verles a pesar de que uno vive en el mismo pueblo que tú y el otro solo a 4 míseros km de distancia, no pasa nada, llegará una nueva Navidad!.

Hay crisis, trabajas en la construcción – lo de trabajar es ironía de la fina, que llevas tres años de chapuza en chapuza cuando hay suerte de que haya chapuzas por hacer- y tu economía está mas helada que un frigo dedo? no pasa nada, es Navidad! y los sobrinos necesitan tu regalo aunque tus hijos no lo tengan de sus tíos -que tiene dos negocios propios que funcionan perfectamente - porque hay crisis tienes que entenderlo, que es Navidad!

Pones buena cara a todo, besuqueas a todos y tragas bilis para el resto del año. Eres el perfecto anfitrión y tu espíritu navideño está que se sale. Eres el amo!

Otra cosa es cuando en la intimidad de tu casa o en petit comité confiesas que odias la Navidad y que lo único que te apetece es encender la chimenea –que no tienes- y quemarle el culo a Papa Noel para que se vuelva por donde a venido. Que tu carta de Reyes es concisa y precisa : quieres Prozac en dosis interminables para poder aguantar lo que viene y lo que sabes que vendrá


Feliz Hipocresía 2010!!!!!

lunes, 20 de diciembre de 2010

La auténtica magia

Nada más despertar, la oración de la mañana. Después, a levantarse, poniendo primero el pie derecho en el suelo. En la calle, cuidado con no pasar por debajo de una escalera. No te olvides de leer el horóscopo. Si compras un número de lotería, pásalo por la cabeza de un calvo o la espalda de un cheposo. Al hacer la comida, cuidado con no derramar la sal. Abrir un paraguas dentro de casa da mala suerte. Y no mires mal a una gitana, o te echará mal de ojo. Si quieres saber tu futuro, acude a una pitonisa o a una echadora de cartas, pero no olvides reenviar el último correo en cadena a diecisiete personas en una hora… Y así, casi hasta el infinito.

Vivimos en una sociedad moderna, donde casi todo tiene una explicación lógica, y lo que no, seguramente pronto la tendrá. Lo que hace siglos era magia, misterio o los designios de Dios ahora tienen una explicación. Un eclipse de sol no es obra del demonio. Un terremoto no es el enfado de Dios. Un imán no funciona por magia. Las hierbas medicinales no funcionan por los conjuros de brujas.

Todo eso lo sabemos, nos lo han explicado mil veces. Y sin embargo… seguimos creyendo en la magia, las supersticiones y las pseudociencias. ¿Por qué?

La magia entra cuando hay algo que no podemos explicar. Y cuando digo podemos hablo de nosotros, no del mundo en general. Sabemos, por ejemplo, que el funcionamiento de un ordenador tiene una explicación, una base científica y un desarrollo técnico que ha conseguido que funcione. Pero para la mayoría esa explicación, aunque sea fácilmente localizable, carece de sentido, así que lo tratamos como si fuera magia. Igual ocurre con internet, con la telefonía móvil o con la mayoría de productos tecnológicos.

Al final actuamos igual que hace quinientos años. Tenemos que creernos lo que nos dicen, porque aunque leamos la explicación, no la entenderemos. Y si creemos en la tecnología, ¿por qué no creer en la magia?

El camino es muy fácil. Si hemos de creer que la materia está compuesta de átomos que son casi todo aire, aunque veamos estructuras firmes, ¿por qué no creer en seres compuestos de átomos que no podamos ver? Si aceptamos la existencia de ondas magnéticas (que ni pajolera idea de lo que es, dirán muchos), ¿por qué no creer que esas ondas se pueden meter en una pulsera que nos ayude a equilibrar las ondas de nuestro organismo? Y si aceptamos explicaciones científicas que hacen funcionar un cachivache cualquiera, ¿por qué no creer las explicaciones de un gurú que dice venir de Raticulin?

Es muy complicado distinguir una explicación coherente de una cháchara de pseudociencia. Aprovechan que no podemos saberlo todo para hacernos creer lo que se han inventado.

Y para evitarlo, sólo hay una salida. No creas nada, duda de todo. No creas a pies juntillas lo que te diga el profesor, el periódico o un documental. Google y la wikipedia no tienen todas las respuestas, busca la información que precises por tu cuenta y construye tu propia realidad. Tampoco tienes que saber cómo funcionan todas las cosas, si funcionan y te sirve, déjalo estar. No existe la verdad, salvo tu propia verdad.

Sólo así serás libre, y podrás construir tu propio camino.

Esa es la auténtica magia.


martes, 14 de diciembre de 2010

Y encima agradecidos

Estamos en crisis. Muchas empresas cierran, otras reducen plantilla y hacen expedientes de regulación de empleo. Actualmente hay cuatro millones de parados en España. Y realmente nadie sabe si esto durará mucho o poco, aunque la sensación generalizada es que va para largo.

Los que conservan su trabajo, aunque la crisis la vivan de un modo más relativo, también tienen sus problemas. Los empresarios, por necesidad o aprovechando la coyuntura, presionan más a los trabajadores. Para presionar usan frases como “la cosa está muy chunga”, “todos debemos poner de nuestra parte” y lindezas similares. Lo que no dicen, pero insinúan, es que fuera hay esperando mucha gente dispuesta a hacer el mismo trabajo, por menos dinero y sin protestar.

Así que no es extraño ver que muchos currantes callan y acatan, por miedo a perder su trabajo. Tocará trabajar más, con menos derechos, y tendrá suerte si el año que viene no le bajan el sueldo.

Después, llega a casa, o se reúne con los amigos, y se queja de los problemas que tiene. Y, en lugar de recibir comprensión de su familia y amigos, recibe como respuesta “no te quejes, que tú al menos tienes trabajo”.

Centrémonos un poco. Es cierto que hay cuatro millones de parados (a saber cuántos realmente no tendrán trabajo, porque con el nivel de economía sumergida que hay son muchos los que no trabajan sólo “oficialmente”), es cierto que la crisis es dura y que todos tenemos que poner nuestro granito de arena.

Pero lo que también es cierto es que los recortes en los derechos que se están produciendo no están completamente justificados en la coyuntura económica, muchos empresarios aprovechan para recortar más de lo necesario. Y también es cierto que estos recortes son para siempre, cuando acabe la crisis los empresarios volverán a tener los beneficios de antes, pero los trabajadores no recuperaremos nuestros derechos.

Y encima, hay que estar agradecidos. Que nos lo diga el jefe, se puede entender, es el que ha de vender sus medidas de contención de gasto. Que nos lo diga la familia, o los amigos, supone que nosotros, como personas, hemos aceptado que realmente no tenemos derechos, que no tenemos nada que hacer ante los poderes económicos, y supone cavar nuestra propia tumba como sociedad.

Voy a proponer una cosa. Ya que lo importante es conservar el trabajo, y a cambio estamos dispuestos de deshacernos de todos los derechos que tantos años ha costado conseguir, vamos a volver a la antigua esclavitud. Esa que fue abolida en 1837, no la esclavitud moderna que sufren muchos trabajadores de facto. A fin de cuentas, aceptamos lo que sea por tener trabajo fijo, y de esta manera, al menos, tenemos garantizada la comida y el techo. Cosa que con las condiciones actuales no tenemos garantizado.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

La vida sigue igual (y II)

Viernes 3 de diciembre de 2010. Mientras millones de personas se preparan para irse de puente, los medios de comunicación hablan de los papeles secretos de Wikileaks, una guerra iniciada por una especie de Robin Hood que cree que tenemos que saber más sobre cómo actúan nuestros dirigentes.

Mientras se dirigen al aeropuerto, comentan que esta guerra cambiará el mundo, pero que a fin de cuentas se nos antoja lejana y apenas nos afecta.

Llegan al aeropuerto, intentan facturar las maletas… y se encuentran que no pueden. El espacio aéreo está cerrado por otra guerra que se está produciendo.

¿Qué está pasando? En pocas palabras, el Gobierno intenta regular un sector clave, como son los controladores aéreos, porque considera que son unos privilegiados y tienen demasiado poder. Para ello publica un decreto que regula cuestiones que afectan sobre todo a su jornada laboral. Los controladores, considerando que están vulnerando sus derechos, deciden presionar. Y el mejor modo es ponerse enfermos todos a la vez. Por ello no hay controladores suficientes para gestionar el tráfico, y por cuestiones de seguridad se cierra el espacio aéreo español. La hecatombe.

Los afectados montan en cólera. Les da igual si los controladores tienen o no la razón, si es cierto que vulneran sus derechos o que son unos privilegiados que ganan una pasta por estar sentados mirando una pantallita. Lo único que les importa es que les están jodiendo las vacaciones. Automáticamente los controladores pasan a ser más odiados que los de la SGAE. Y la guerra que iba a cambiar el mundo de repente ya no interesa.

A mi, personalmente me da igual quien tenga la razón. Es una pugna entre dos colectivos donde la razón no es lo más importante, sino conseguir salirte con la tuya. Lo que si sé, es que si quieres defender tus derechos, has de hacerlo dentro de los márgenes que te da la ley, no vale mentir diciendo que te has puesto enfermo de repente (casualmente a la vez que los demás) y abandonar el puesto de trabajo.

Como el derecho a las vacaciones es uno de los derechos fundamentales, por encima del derecho al trabajo y a una vivienda digna, el Gobierno se puso manos a la obra para atajar la crisis, como era su obligación. Como los controladores son unos díscolos y no van a atender a razones, no basta con amenazarles con aplicar códigos disciplinarios o penales, y si no cumplen despedirles o acusarlos de sedición. Hay que ser más expeditivos.

Por ello, declara el estado de alarma, militariza el control aéreo, y los controladores pasan a ser personal militar, con lo cual, si no acuden a trabajar se les manda a la justicia militar. Y lástima que ya no fusilen, que si no, no les libraba ni Dios.

Con ello, los controladores se achantan, vuelven al trabajo, y aquí no ha pasado nada, la vida sigue igual.

De esta pequeña escaramuza, que no llega ni a guerra, se pueden sacar unas cuantas lecciones:

  • En las últimas huelgas de distintos sectores, se está viendo que la solidaridad brilla por su ausencia, la gente es libre de hacer huelga, siempre que a mí no me afecte.
  • Nos hemos mal acostumbrado a tenerlo todo a mano, a considerar como un derecho lo que hasta hace poco era un privilegio, sin pararnos a pensar en la cantidad de gente que ha de trabajar para poder disfrutar de ese “derecho”.
  • Está volviendo a estar de moda eso de matar moscas a cañonazos
  • Si declaran el estado de alarma para atajar una huelga, aunque sea salvaje e ilegal, ¿qué les impide volverlo a hacer en el futuro, en otros sectores que consideren estratégicos? ¿Dónde queda el derecho a la huelga?

Menudo diciembre estamos pasando. Y en menudo país vivimos.

domingo, 5 de diciembre de 2010

La vida sigue igual (I)

Informativamente hablando, el año ha sido bastante divertido. Seguimos coleando con la puñetera crisis (y lo que te rondaré morena). Tenemos un gobierno que siempre anda con el pie cambiado, una oposición que está preparándose para ganar sin bajarse del autobús y sin hacer nada. Tenemos unos gobernantes autonómicos que despilfarran el dinero público, o directamente lo roban.

Hemos tenido unas elecciones en Cataluña con unos resultados aterradores, con ascensos de la extrema derecha y de un Partido Popular con un discurso populista y xenófobo, donde personajes como Laporta ha sacado buena tajada y Carmen de Mairena saca más votos que Rosa Díez.

Todo esto, y mucho más ha pasado en un año movidito. Parecía que con la llegada de diciembre, la cosa empezaría a tranquilizarse, la gente se preocupa más de las comidas navideñas y los regalos de Reyes. Ilusos.

Diciembre ha llegado con la revolución de la mayor filtración de secretos de la historia. Un cuarto de millón de informes recopilados por el Departamento de Estado de Estados Unidos, a través principalmente de embajadas de todo el mundo, que muestran el modo de trabajar de los servicios de inteligencia norteamericanos (que no es muy distinta a lo que creíamos muchos), y, sobre todo, la facilidad que tienen para conseguir sus objetivos, manipulando gobiernos, jueces y fiscales.

Más que Estados Unidos (que tendrá que explicar cómo es posible que se le escurra tanta información de las manos, con el presupuesto de defensa que maneja), los que quedan en evidencia son los demás países… España, por ejemplo, ha quedado a la altura de una república bananera, con un gobierno demasiado ansioso por recuperar las relaciones bilaterales, y, lo que más asusta, con unos jueces y fiscales siempre dispuestos a reinterpretar la ley para no perjudicar a Estados Unidos.

Podría parecer que esta filtración cambiará el rumbo de la historia. No creo que cambie gran cosa, vivimos en un mundo en el que todo cambia, pero al final todo sigue igual. Estados Unidos seguirá siendo Estados Unidos, el resto de países no van a cortar sus relaciones bilaterales, y el mundo seguirá funcionando del mismo modo, tal y como queda demostrado con el desarrollo de los acontecimientos.

Estados Unidos considera al fundador de Wikileaks, Julian Assange, un peligroso criminal, un terrorista. Es cierto que ha publicado documentos secretos y ha puesto en peligro personas y procedimientos, y es discutible si tenemos derecho a conocer estas cosas o no, si saberlo es información necesaria, o simple cotilleo. Eso es algo que tiene que decidir cada uno. Al igual que es decisión de cada uno decidir si Wikileaks debe seguir existiendo como fuente de información, o ser cerrada por actividad ilegal.

Obviamente, Estados Unidos hace todo lo posible por acabar con la amenaza, de la web y su líder. ¿Y cómo lo hace? Exactamente igual que antes, usando las mismas técnicas y los mismos medios que hasta ahora, repitiendo los mismos métodos denunciados. El proveedor que alojaba su web en Estados Unidos lo ha expulsado, el que lo aloja ahora mismo en Francia está siendo presionado. Paypal ha dejado de darle servicio. Todo ello conseguido mediante las mismas tácticas que se ven en los papeles filtrados.

Así que, tras la revolución, la vida sigue igual.

No es lo único que ha pasado este diciembre que no ha hecho más que empezar, pero eso, es otra historia.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

A vueltas con el preservativo

Ayer se publico el libro que recoge la primera entrevista, en la historia del Vaticano, aun Papa. Parecía que en “Luz del Mundo” íbamos a ver por fin un cambio sustancial, llamarlo radical sería ser demasiado osado por mi parte, en la postura que la iglesia mantiene sobre algunos temas. Error de cálculo. Seguimos en las mismas, seguimos viendo una Iglesia que huele a naftalina y que no piensa dar ni un mínimo paso adelante, porque decir que las declaraciones de Ratzinger sobre el preservativo es avanzar, es no querer ver la realidad.

Lo primero que oímos sobre el libro en cuestión fue que Ratzinger aprobaba el uso del preservativo en algunos casos. Parecía que un mínimo de cordura había hecho mella en la iglesia. Mentira.
Resulta que ahora nos dicen que el preservativo puede ser un medio para evitar el contagio del Sida (hace apenas una semana recogía las palabras de una monja y de un erudito de Harvard que opinaban todo lo contrario, pero vale)
Recordemos que hace cuando en Marzo del pasado año visitó el continente africano, el más castigado por el SIDA, sus declaraciones fueron “El SIDA no puede resolverse con la distribución de condones, que al contrario, su uso agravaba el problema” y recordaba que el Vaticano se opone a cualquier tipo anticonceptivo que no sea la abstinencia, y condenaba el uso del preservativo aunque fuera con fines profilácticos.

Pero resulta que de amplitud de miras nada de nada, según Lombardi -portavoz oficial del Vaticano - Benedicto XVI
"no está justificando moralmente el ejercicio "desordenado" de la sexualidad, sino que considera que el uso de profiláctico para disminuir el riesgo del contagio del sida "es un primer acto de responsabilidad, un primer paso hacia una sexualidad más humana".

Ve bien, o eso nos quiere hacer creer, el uso del preservativo en las prostitutas, pero sigue puntualizando
"Por ejemplo, cuando una prostituta utiliza un preservativo y este puede constituir el primer paso hacia una moralización, un primer acto de responsabilidad para desarrollar otra vez la conciencia de que no todo está permitido y de que no se puede hacer todo lo que se quiera".

Usar el preservativo es sinónimo de moralización o es que me he perdido algo? acaso al usarlo se da cuenta de que es una inmoral que arderá en los infiernos?

Por suerte hay voces disconformes con todo esto y que nos vienen a decir lo que todos veíamos y sabíamos, que nada ha cambiado. El teólogo Juan José Tamayo, en una entrevista en la cadena Ser dice que no aprecia cambio alguno en unas declaraciones de Benedicto XVI

La sexualidad solo tiene un fin, la reproducción, con lo cual el uso de anticonceptivos está mal visto. La natalidad debe regularse de manera “natural”, es decir volvemos a la abstinencia mencionada ya anteriormente. Que ya hemos dicho antes que la sexualidad no puede ser considerada cualquier cosa, no señor, tiene que ir íntimamente ligada con la fertilidad. Y sino eres fértil no tienes derecho alguno a gozar de tu sexualidad.
Todo lo referente al sexo sigue estando solo relacionado con la procreación de la especie y en caso contrario es ilegal e inmoral.

Los homosexuales tienen que ser respetados y no deben ser discriminados, pero volvemos con lo apuntado en el párrafo anterior, si su sexualidad no está pensada en la reproducción caen en pecado y arden en los infiernos. Curas homosexuales ni de coña ya que según ellos el celibato perdería todo su sentido, eso por no hablar de que la homosexualidad no es moralmente justa.
Este trozo me recuerda aquello tan divertido de las peras con las peras y las manzanas con las manzanas... ay madre lo que hay que oír.

Todo ello en pleno siglo XXI. Vivir para ver.



domingo, 21 de noviembre de 2010

Lavando más blanco

Aún no sé qué pasará en un futuro próximo con la publicidad en televisión. El aumento de oferta de canales, la especialización de temáticas y la fragmentación de la audiencia hará que, por narices, el mercado tenga que cambiar. ¿Qué habrá más anuncios para compensar la bajada de precio del espacio? Puede. ¿Qué habrá más cortes publicitarios y menos anuncios en cada uno? Quién sabe. ¿Qué eliminarán los anuncios totalmente? Eso no… ni la vejiga ni el estómago lo aceptaría.

El caso es que actualmente hay mucha publicidad en televisión (y en las calles y en internet y hasta en las cosas que no son gratis). Tanta, que a veces parece que estamos viendo anuncios que cortan para poner trocitos de película. Sobre todo en algunos canales privados.

Los anuncios intentan vendernos algo. Para conseguirlo, han de convencernos que queremos o necesitamos lo que nos ofrecen. Así que nos dicen que sus productos son mejores que los de la competencia.

Coches más rápidos (cuando en España no se puede circular a más de 120 Km/h), con mejor diseño o más seguros (hay una guerra de siglas que ya nadie entiende). Productos de alimentación más sanos o que nos ayudan con ciertos problemas (¿cuánta gente ha dejado de cagar para ir a tener su ”momento all bran”?). juguetes más divertidos, fragancias que te hacen irresistible, mil y un productos que te harán subir unos cuantos peldaños en la escala social… Y, por supuesto, productos de limpieza que lavan más blanco, o mantienen mejor los colores.

A mi los anuncios de detergentes me parecen muy divertidos. Están muy estereotipados, hasta el punto que debe ser de los pocos campos donde han desistido de intentar ser políticamente correctos. Durante medio siglo, los anuncios han sido (salvo escasas excepciones), muy similares, lo cual sorprende en una sociedad que ha avanzado muy rápidamente.

Siempre que sale un nuevo modelo de detergente, es el producto definitivo, que produce una blancura perfecta (“más blanco no se puede, decían hace treinta años”). El producto anterior dejaba un tono amarillento que demostraba su falta de saber hacer. Claro que el siguiente detergente que sacaban, demostraba que este blanco insuperable sólo era un amarillo muy clarito.

Cada vez inventaban algo nuevo que justificaba esas palabras. Hace años, el detergente se vendía en grandes cubos que después los pequeños usábamos de asiento o de tambor. Después llegaron a la miniaturización, productos concentrados que con menos peso, eran igual de efectivos, o incluso mejores. Más tarde, empezaron a añadirles ingredientes milagrosos. Para que la gente se lo creyera, tintaron parte del detergente para que el producto “milagroso se viera”. Después llegó la moda de meterlo directamente en la cuba, las pastillas compactas para no manchar, y los productos líquidos y en gel. Más tarde llegarían otros productos milagrosos como la lejía que no es lejía o el oxígeno activo. Ahora me dicen que hay unos cristales que dejan el oxígeno activo a la altura del betún.

Todo más cómodo, todo más avanzado, todo limpia mejor.

Hasta que llegó un día y en un anuncio nos dijeron que todo eso estaba muy bien, pero que lo que de verdad funcionaba, era el jabón de Marsella que usaba la bisabuela.

Así que después de medio siglo de avances, hemos acabado usando el mismo producto que hace cien años.

Me encanta el progreso

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Ratzinger, homosexualidad, sida y otras menudencias.

A pesar de haber sido educada en una familia católica y mayoritariamente practicante, nunca me he sentido cerca de la iglesia y ya hace muchos años que decidí que ni tan solo me sentía católica.
No es que me sienta cercana a ninguna otra religión, todas me merecen el mismo respeto y la misma opinión. Dejémoslo en que soy atea. Y que este ateísmo, que me ha costado más de una bronca familiar, se ve reforzado en ciertas ocasiones. La última durante la visita de Benedicto XVI a Santiago y Barcelona.

Durante el trayecto de Roma a Santiago, Ratzinger se dirigió a los periodistas que le acompañaban en dicho vuelo, y en un perfecto español soltó “En España ha nacido un laicismo y un anticlericalismo fuerte y agresivo como el de los años treinta".
Dejando de lado que a Ratzinger se le recibió como Jefe de Estado (que lo es) - cuando su visita era como jefe espiritual de la iglesia católica- estás declaraciones solo pueden ser tomadas como una falta de respeto hacia el país anfitrión.
Si en los años treinta aquí se quemaban iglesias y conventos, habría que recordar que en este mismo periodo, Joseph Ratzinger pertenecía a las juventudes hitlerianas, que precisamente no eran hermanitas de la caridad.

Amén de eso, al buen Ratzinger, se le olvida que España, según el articulo 16 punto 3 de su constitución, es un país laico aconfesional, en el que se rinde un culto casi exagerado a todas las tradiciones católicas.

Si nos centramos en la parte económica de la visita vemos que en plena crisis económica que tiene a España sumida en un caos, tuvimos durante el fin de semana del 6 y 7 de noviembre, circulando por las calles de Santiago y Barcelona al taxi más caro del mundo. Se llama papamóvil, y cada hora de trayecto sale por la friolera de 800.000 euros. Pero es que para rizar el rizo, los dos papamóviles que llegaron a España, lo hicieron a bordo de un avión Hércules, perteneciente al ejército español. Es decir fue el dinero del contribuyente el que pagó el traslado del vehículo de Ratzinger.

A ello podemos sumar que los comerciantes de ambas ciudades se quejaban que por culpa de las extensas medidas de seguridad, perdieron dinero durante la visita papal, tenemos un catorce en la quiniela de despropósitos.

Podemos dejar de lado lo que atañe directamente a Benedicto XVI y centrar en los “daños colaterales” que son aun más “divertidos”
El pasado sábado, 13 de noviembre, veía en televisión un reportaje elaborado durante la visita de Ratzinger a Barcelona. De todo lo que contaron dos fueron las cosas que hicieron que por poco cayera del sofá presa de un ataque de risa.

La primera fueron las declaraciones de una monja, quien toda convencida soltó que el preservativo no es un método preventivo del Sida, ya que por los poros del mismo se cuelan el virus de dicha enfermedad – si, esta misma cara que estáis poniendo es la que se me quedo a mi- pero es que para colmo de despropósitos va la periodista que estaba en plató, Isabel Duran y suelta que Green de la Universidad e Harvard también sostiene esa teoría y apoya, ella, que lo mejor es la abstinencia.¡ Ay madre!
Lo que dice Green es que los preservativos fallan una de cada diez veces por lo cual él opina que no son un arma lo suficientemente buena para evitar el Sida, sino que es como jugar a la ruleta rusa.... cazurros, retrógrados hay en todas partes, Harvard no iba a ser menos.

El segunda es el la explicación que dan los transeúntes que habían acudido a ver a Benedicto XVI.
Mientras una pareja de jóvenes nos ilustra diciendo que la homosexualidad es contra natura ya que los animales nunca se aparean macho con macho, una señora muy digna ella, nos cuenta que la familia está compuesta por un hombre y una mujer, que así lo dice Dios y así debe de ser. A lo que yo le preguntaría ¿cuándo vive, solo, una madre con sus hijos no lo podemos considerar familia? ¿y si en una casa habitan varias hermanas juntas, acaso no es una familia, es un aquelarre?
Un personajillo suelta que la homosexualidad se produce por una comida de coco de ciertos ámbitos políticos y que tiene cura, que solo es cuestión de terapia (¡¡ como no!!)
Y yo le preguntaría a tan ducha persona ¿qué podemos hacer por ellos, darles radioterapia a las células homosexuales igual que se la damos las células cancerígenas?

domingo, 14 de noviembre de 2010

Sobreprotección

Vivimos una auténtica invasión de productos saludables. El supermercado está lleno de productos bajos en grasa, que ayudan a eliminar el colesterol, que refuerzan las defensas, que facilitan el movimiento intestinal. Los yogures ya no son lo bastante saludables, hay que sustituirlos por un sucedáneo hecho de soja.

Y los productos de limpieza no se quedan atrás. Ya no bastan los jabones, detergentes y limpiadores habituales. Ahora nuestra vida depende de que sean además, antibacterias.

Centrémonos un poco. Si bien es importante cuidar la alimentación y mantener unas normas de salud e higiene, parece absurdo llegar a estos niveles.

En mis tiempos (¡dios mío, estoy hablando como mi padre!) nuestra alimentación era más mundana, con pocos productos preparados, casi todo se compraba en el mercado. La leche era sana siendo simplemente leche (si miramos los envases que venden actualmente, vemos que muchos no son de leche, sino de “preparados lácteos”, no necesitábamos refuerzos alimenticios y el suelo se fregaba con un limpiador al que, como mucho, se le añadía un chorro de lejía. Y vivimos para contarlo.

Nos hemos convertido en unos timoratos que tenemos miedo a lo que no podemos ver, aunque siempre hayamos convivido con ello. Hemos dejado de confiar en el saber hacer de nuestro cuerpo, de nuestro sistema inmunitario. Nos hemos vuelto unos paranoicos de la salud. Y esto es muy peligroso y a la vez contraproducente.

Los niños actuales desde que nacen están envueltos en este entorno de seguridad artificial que hemos creado. No les desinfectan los biberones hirviéndolos en agua, hay que añadir unas pastillas antibacterianas, porque lo que no nos ha matado a nosotros puede matarles a ellos. A la mínima que tosen, los padres se asustan y los llevan al médico, donde si no les dan mil medicamentos para que se cure inmediatamente presentan una queja al defensor del paciente. Cuando crecen, salen cada vez menos a jugar, se quedan en su casa. Mejor para los padres porque así saben que no se harán daño. No basta con las comidas habituales, hay que darles complejos vitamínicos o Actimel. Y así con todo.

El cuerpo humano tiene unas defensas naturales, un sistema inmunológico. Esas defensas han de estar expuestas a los virus y bacterias presentes en la naturaleza, que nos ataquen y que enfermemos para aprender a defenderse de los mismos ataques en el futuro. Y con tanta protección, no hay una exposición suficiente y el sistema inmunológico no se desarrolla correctamente. Y cuando se enfrenta a enfermedades comunes, como un simple resfriado, el cuerpo no sabe cómo actuar y en lugar de curarlo en unos días, puede acabar derivando en patologías más graves.

Y es que vivir en un mundo demasiado sano puede llevarnos, paradójicamente, a pasar más tiempo en el hospital con enfermedades más graves, o enfermedades leves mal curadas.

viernes, 12 de noviembre de 2010

De Princesas y Princesitas

Soy republicana por convencimiento y con convicción. El ciudadano Juan Carlos, como diría mi admirada Pilar Rahola, me merece el mismo respeto y la misma simpatía que el vecino del quinto y ya aviso que esta última es más bien poca.
Por no ser no soy ni Juan carlista, termino que últimamente vengo oyendo muchísimo y que viene a decir que de monárquico se es más bien poco, pero que Juan Carlos cae muy bien. He llegado a leer declaraciones de una actriz, Marisa Paredes, que se declaraba Republicana y Juan carlista .No acabo de entenderlo (que se sea Juan carlista pero no Monárquico y menos que se sea Republicano), pero vale aceptamos pulpo como animal de compañía.

Recuerdo cuando se hizo oficial el noviazgo de Felipe con Letizia. Hablaba yo con una antigua amiga (antigua no por años, sino porque esa amistad ya caduco cual yogurt) quien me decía que a ella no le gustaba la elección, que era una plebeya divorciada. Vaya Sacrilegio!
Y cuando yo le respondía que a mi me daba lo mismo con quien decidiera casarse Felipe, me recriminaba que a fin de cuentas esa señorita iba a representarnos a todos los españoles. Ah no, amiga, eso si que no, a mi no me representa en nada y para nada, que yo de Familia Real no uso (y me calle que de otras cosas de las que había dicho tampoco).
No lo entendía, no entraba en su hueca cabecita que no me sintiera representada por esa familia tan chupi guay que habita en el palacio de la Zarzuela, llegó a decirme que es que me lo miraba mal. Si mal lo miro, ya que cuando lo hago solo veo una panda de chupópteros que viven a expensas del pueblo, pero eso también es una visión muy mia.

Pero a lo que realmente iba. Si ya de entrada no soy monárquica, y todo lo que huele a tan rancia institución me da urticaria, no queráis saber lo que me produce que a una mindundi de tres al cuarto se le de el apodo de “Princesa del Pueblo”. Y no, esta vez no hablo de Letizia, de quien también se dijo que lo era (o se dice aun no lo se), al ser una persona que de él proviene y quien a fin de cuentas si lo es, al menos del pueblo que así lo sienta.
Hablo de la verdadera, de la auténtica, de la sin par (por suerte)... Belén Esteban. La persona con menos “saber estar” que he visto en mi vida. La persona más barriobajera que se ha sentado en un plató de televisión... esa que vemos a todas horas y en todos los programas habidos y por haber.
Ese personajillo al que llevamos aguantando, la friolera de diez años, invadiendo nuestras pantallas día si día también. Ese fenómeno sociológico digno de estudio. Fenómeno si que es, lo de sociológico lo pondré en cuarentena. Y digna de estudio también, seguro que nos da alguna pista más que los restos hallados en Atapuerca.

Ya podéis deducir lo bien que me cae el personaje en cuestión. Y no es nada personal contra ella, ni mucho menos. A quien no soporto es al personaje, que no a la persona, principalmente porque a la segunda no la conozco de nada y no soy nadie para opinar sobre ella. Pero del personajillo en cuestión tengo todo el derecho a opinar, criticar o lo que me salga de la peineta, que por eso está en la palestra.

Al grano, estaremos de acuerdo que si en programas y platós televisivos no se le hubiera dado la importancia, excesiva, que se le ha dado, la moda “Esteban” hace años que hubiera caducado. Pero Belén es rentable, Belén es audiencia y alta muy alta, y ya habíamos comentado que el Share es lo que manda en esta vida, lo demás – léase la integridad psicológica del pobre telespectador – importa poco por no decir nada.
Belén vende y como vende hay que sangrarla hasta que no quede ni una gota. Y en ello está Tele cinco, su cadena.

No contentos con meternos a la Esteban hasta en la sopa, van y se sacan de la manga todo un documental, que se estrena en primicia en los cines Palafox de Madrid al más puro estilo de estrella Hollywood, y que semana después nos enchufaron en la susodicha cadena en dos entregas.
El documental en cuestión lo titulan, como no, “La princesa del pueblo” titulo del que la de San Blas se siente orgullosísima. Un equipo de más de 20 profesionales entre psicólogos, sociólogos, escritores, publicistas, filósofos, políticos y periodistas analiza en él las claves que han convertido la vida de la colaboradora en un fenómeno mediático.
No contentos con todo ello, nos dan a entender que la de San Blas podía presentarse a las elecciones y ser la tercera fuerza más votada del país. Solo de pensarlo me dan ganas de declarar la República independiente de mi casa (gracias Ikea por tan logrado slogan)
Amén de tener la desfachatez - y repito que lo mio no es la monarquía ni de lejos, pero hay cosas que claman al cielo – de compararla con Letizia Ortiz.

Debe ser que hemos entrado en pre campaña (las elecciones a la Generalitat de Catalunya son el 28 de este mes) y solo de pensar que podía votar al partido de la Esteban me pone enferma. O que cada vez que pongo la tele tengo que ver a la Esteban con sus chabacanerías y sus comportamientos fuera de tono... o que estoy ovulando, no lo tengo muy claro, pero el caso es que empiezo a estar cansada de tanta princesa del pueblo y me da por gritar a los cuatro vientos que soy republicana.

Si ya nos lo decían “Spain is different”.