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miércoles, 19 de enero de 2011

HABEMUS BEATO

Ya dije en su día que soy atea, me reafirmo en ello cada día que pasa. Me educaron en la que se supone es la panacea de todas las religiones, la católica. Las demás son radicales, son demasiado exaltadas. O eso nos venden, porque si analizamos al dedillo la católica vemos que a veces puede ser más radical que ninguna y en cuanto a soplapolleces se lleva la palma. Y digo todo eso sin ánimo de molestar a ningún creyente y si en lo escrito anteriormente o lo que pueda escribir a continuación molesto alguna sensibilidad, pido mil perdones.

Hace unos días leo sin poco asombro que en breve, allá por mayo, tendremos un nuevo beato. Y con carrera meteórica, oiga usted, que solo seis años después de su muerte, ya lo consigue. Y es que según cuentan el bueno de Juan Pablo II – si, él es el nuevo beato – consiguió curar de párkinson a una monja. No cuento la cara que se me quedó cuando lo leí, pero os podéis dar a la idea.
El caso es que días después oigo a la propia monja, Sor Marie Simon Pierre, explicar los hechos:
Según cuenta Sor Marie, después de muerto Juan Pablo II, su congregación empezó a dirigir sus oraciones a él para que la curara, nada más lejos de la realidad, su enfermedad se agravó y ella anunció que tenia que dejar de trabajar – lo hacía en una maternidad de Aix en Provence – Su superiora le pide entonces que escriba el nombre del difunto en un papel, pero ella es incapaz de hacerlo debido a su enfermedad, pero ella es tenaz y esa misma noche lo intenta de nuevo y consigue escribir unas palabras legibles y a la mañana siguiente los síntomas del párkinson habían desaparecido.

Los médicos la consideran curada de forma "inexplicable para la ciencia", lo que permite que la iglesia acepte que hubo una intercesión milagrosa de Juan Pablo II.
El milagro sufrió un parón en el mes de marzo del pasado 2010, cuando de los médicos externos consultados por el dicasterio sostuvo que no estaba suficientemente documentado. Lo que no entiendo es que luego si lo estuviera, vamos para mi sigue siendo un expediente X.

Si ese es el milagro que lo encumbra a los altares, si eso es cierto que coño hacen tantos enfermos de párkinson que no empiezan a creer ciegamente en el difunto pontífice y empapelan el mundo con su nombre?
Que hacen los neurólogos que no recetan escribir en un papel tres palabras?

De verdad hay alguien que aun cree en esos milagros? Yo entiendo que la gente crea en una religión - bueno entenderlo no, pero aceptarlo si, que allá cada uno – que se pueda ser más o menos devoto, pero de ahí a creer en que los milagros existen... como que hay un mundo o dos si me apuráis.

Más me parece una manera de lavar la maltrecha imagen de un Papa de quien se dice sabia y ordeno tapar y dejar impunes los crímenes cometidos por Marcial Marcel –fundador de los legionarios de Cristo, pederasta y mujeriego empedernido además de plagiador, vamos una joyita.

Lo dicho, cada día me reafirmo más en mi ateísmo.

lunes, 20 de diciembre de 2010

La auténtica magia

Nada más despertar, la oración de la mañana. Después, a levantarse, poniendo primero el pie derecho en el suelo. En la calle, cuidado con no pasar por debajo de una escalera. No te olvides de leer el horóscopo. Si compras un número de lotería, pásalo por la cabeza de un calvo o la espalda de un cheposo. Al hacer la comida, cuidado con no derramar la sal. Abrir un paraguas dentro de casa da mala suerte. Y no mires mal a una gitana, o te echará mal de ojo. Si quieres saber tu futuro, acude a una pitonisa o a una echadora de cartas, pero no olvides reenviar el último correo en cadena a diecisiete personas en una hora… Y así, casi hasta el infinito.

Vivimos en una sociedad moderna, donde casi todo tiene una explicación lógica, y lo que no, seguramente pronto la tendrá. Lo que hace siglos era magia, misterio o los designios de Dios ahora tienen una explicación. Un eclipse de sol no es obra del demonio. Un terremoto no es el enfado de Dios. Un imán no funciona por magia. Las hierbas medicinales no funcionan por los conjuros de brujas.

Todo eso lo sabemos, nos lo han explicado mil veces. Y sin embargo… seguimos creyendo en la magia, las supersticiones y las pseudociencias. ¿Por qué?

La magia entra cuando hay algo que no podemos explicar. Y cuando digo podemos hablo de nosotros, no del mundo en general. Sabemos, por ejemplo, que el funcionamiento de un ordenador tiene una explicación, una base científica y un desarrollo técnico que ha conseguido que funcione. Pero para la mayoría esa explicación, aunque sea fácilmente localizable, carece de sentido, así que lo tratamos como si fuera magia. Igual ocurre con internet, con la telefonía móvil o con la mayoría de productos tecnológicos.

Al final actuamos igual que hace quinientos años. Tenemos que creernos lo que nos dicen, porque aunque leamos la explicación, no la entenderemos. Y si creemos en la tecnología, ¿por qué no creer en la magia?

El camino es muy fácil. Si hemos de creer que la materia está compuesta de átomos que son casi todo aire, aunque veamos estructuras firmes, ¿por qué no creer en seres compuestos de átomos que no podamos ver? Si aceptamos la existencia de ondas magnéticas (que ni pajolera idea de lo que es, dirán muchos), ¿por qué no creer que esas ondas se pueden meter en una pulsera que nos ayude a equilibrar las ondas de nuestro organismo? Y si aceptamos explicaciones científicas que hacen funcionar un cachivache cualquiera, ¿por qué no creer las explicaciones de un gurú que dice venir de Raticulin?

Es muy complicado distinguir una explicación coherente de una cháchara de pseudociencia. Aprovechan que no podemos saberlo todo para hacernos creer lo que se han inventado.

Y para evitarlo, sólo hay una salida. No creas nada, duda de todo. No creas a pies juntillas lo que te diga el profesor, el periódico o un documental. Google y la wikipedia no tienen todas las respuestas, busca la información que precises por tu cuenta y construye tu propia realidad. Tampoco tienes que saber cómo funcionan todas las cosas, si funcionan y te sirve, déjalo estar. No existe la verdad, salvo tu propia verdad.

Sólo así serás libre, y podrás construir tu propio camino.

Esa es la auténtica magia.


miércoles, 24 de noviembre de 2010

A vueltas con el preservativo

Ayer se publico el libro que recoge la primera entrevista, en la historia del Vaticano, aun Papa. Parecía que en “Luz del Mundo” íbamos a ver por fin un cambio sustancial, llamarlo radical sería ser demasiado osado por mi parte, en la postura que la iglesia mantiene sobre algunos temas. Error de cálculo. Seguimos en las mismas, seguimos viendo una Iglesia que huele a naftalina y que no piensa dar ni un mínimo paso adelante, porque decir que las declaraciones de Ratzinger sobre el preservativo es avanzar, es no querer ver la realidad.

Lo primero que oímos sobre el libro en cuestión fue que Ratzinger aprobaba el uso del preservativo en algunos casos. Parecía que un mínimo de cordura había hecho mella en la iglesia. Mentira.
Resulta que ahora nos dicen que el preservativo puede ser un medio para evitar el contagio del Sida (hace apenas una semana recogía las palabras de una monja y de un erudito de Harvard que opinaban todo lo contrario, pero vale)
Recordemos que hace cuando en Marzo del pasado año visitó el continente africano, el más castigado por el SIDA, sus declaraciones fueron “El SIDA no puede resolverse con la distribución de condones, que al contrario, su uso agravaba el problema” y recordaba que el Vaticano se opone a cualquier tipo anticonceptivo que no sea la abstinencia, y condenaba el uso del preservativo aunque fuera con fines profilácticos.

Pero resulta que de amplitud de miras nada de nada, según Lombardi -portavoz oficial del Vaticano - Benedicto XVI
"no está justificando moralmente el ejercicio "desordenado" de la sexualidad, sino que considera que el uso de profiláctico para disminuir el riesgo del contagio del sida "es un primer acto de responsabilidad, un primer paso hacia una sexualidad más humana".

Ve bien, o eso nos quiere hacer creer, el uso del preservativo en las prostitutas, pero sigue puntualizando
"Por ejemplo, cuando una prostituta utiliza un preservativo y este puede constituir el primer paso hacia una moralización, un primer acto de responsabilidad para desarrollar otra vez la conciencia de que no todo está permitido y de que no se puede hacer todo lo que se quiera".

Usar el preservativo es sinónimo de moralización o es que me he perdido algo? acaso al usarlo se da cuenta de que es una inmoral que arderá en los infiernos?

Por suerte hay voces disconformes con todo esto y que nos vienen a decir lo que todos veíamos y sabíamos, que nada ha cambiado. El teólogo Juan José Tamayo, en una entrevista en la cadena Ser dice que no aprecia cambio alguno en unas declaraciones de Benedicto XVI

La sexualidad solo tiene un fin, la reproducción, con lo cual el uso de anticonceptivos está mal visto. La natalidad debe regularse de manera “natural”, es decir volvemos a la abstinencia mencionada ya anteriormente. Que ya hemos dicho antes que la sexualidad no puede ser considerada cualquier cosa, no señor, tiene que ir íntimamente ligada con la fertilidad. Y sino eres fértil no tienes derecho alguno a gozar de tu sexualidad.
Todo lo referente al sexo sigue estando solo relacionado con la procreación de la especie y en caso contrario es ilegal e inmoral.

Los homosexuales tienen que ser respetados y no deben ser discriminados, pero volvemos con lo apuntado en el párrafo anterior, si su sexualidad no está pensada en la reproducción caen en pecado y arden en los infiernos. Curas homosexuales ni de coña ya que según ellos el celibato perdería todo su sentido, eso por no hablar de que la homosexualidad no es moralmente justa.
Este trozo me recuerda aquello tan divertido de las peras con las peras y las manzanas con las manzanas... ay madre lo que hay que oír.

Todo ello en pleno siglo XXI. Vivir para ver.



miércoles, 17 de noviembre de 2010

Ratzinger, homosexualidad, sida y otras menudencias.

A pesar de haber sido educada en una familia católica y mayoritariamente practicante, nunca me he sentido cerca de la iglesia y ya hace muchos años que decidí que ni tan solo me sentía católica.
No es que me sienta cercana a ninguna otra religión, todas me merecen el mismo respeto y la misma opinión. Dejémoslo en que soy atea. Y que este ateísmo, que me ha costado más de una bronca familiar, se ve reforzado en ciertas ocasiones. La última durante la visita de Benedicto XVI a Santiago y Barcelona.

Durante el trayecto de Roma a Santiago, Ratzinger se dirigió a los periodistas que le acompañaban en dicho vuelo, y en un perfecto español soltó “En España ha nacido un laicismo y un anticlericalismo fuerte y agresivo como el de los años treinta".
Dejando de lado que a Ratzinger se le recibió como Jefe de Estado (que lo es) - cuando su visita era como jefe espiritual de la iglesia católica- estás declaraciones solo pueden ser tomadas como una falta de respeto hacia el país anfitrión.
Si en los años treinta aquí se quemaban iglesias y conventos, habría que recordar que en este mismo periodo, Joseph Ratzinger pertenecía a las juventudes hitlerianas, que precisamente no eran hermanitas de la caridad.

Amén de eso, al buen Ratzinger, se le olvida que España, según el articulo 16 punto 3 de su constitución, es un país laico aconfesional, en el que se rinde un culto casi exagerado a todas las tradiciones católicas.

Si nos centramos en la parte económica de la visita vemos que en plena crisis económica que tiene a España sumida en un caos, tuvimos durante el fin de semana del 6 y 7 de noviembre, circulando por las calles de Santiago y Barcelona al taxi más caro del mundo. Se llama papamóvil, y cada hora de trayecto sale por la friolera de 800.000 euros. Pero es que para rizar el rizo, los dos papamóviles que llegaron a España, lo hicieron a bordo de un avión Hércules, perteneciente al ejército español. Es decir fue el dinero del contribuyente el que pagó el traslado del vehículo de Ratzinger.

A ello podemos sumar que los comerciantes de ambas ciudades se quejaban que por culpa de las extensas medidas de seguridad, perdieron dinero durante la visita papal, tenemos un catorce en la quiniela de despropósitos.

Podemos dejar de lado lo que atañe directamente a Benedicto XVI y centrar en los “daños colaterales” que son aun más “divertidos”
El pasado sábado, 13 de noviembre, veía en televisión un reportaje elaborado durante la visita de Ratzinger a Barcelona. De todo lo que contaron dos fueron las cosas que hicieron que por poco cayera del sofá presa de un ataque de risa.

La primera fueron las declaraciones de una monja, quien toda convencida soltó que el preservativo no es un método preventivo del Sida, ya que por los poros del mismo se cuelan el virus de dicha enfermedad – si, esta misma cara que estáis poniendo es la que se me quedo a mi- pero es que para colmo de despropósitos va la periodista que estaba en plató, Isabel Duran y suelta que Green de la Universidad e Harvard también sostiene esa teoría y apoya, ella, que lo mejor es la abstinencia.¡ Ay madre!
Lo que dice Green es que los preservativos fallan una de cada diez veces por lo cual él opina que no son un arma lo suficientemente buena para evitar el Sida, sino que es como jugar a la ruleta rusa.... cazurros, retrógrados hay en todas partes, Harvard no iba a ser menos.

El segunda es el la explicación que dan los transeúntes que habían acudido a ver a Benedicto XVI.
Mientras una pareja de jóvenes nos ilustra diciendo que la homosexualidad es contra natura ya que los animales nunca se aparean macho con macho, una señora muy digna ella, nos cuenta que la familia está compuesta por un hombre y una mujer, que así lo dice Dios y así debe de ser. A lo que yo le preguntaría ¿cuándo vive, solo, una madre con sus hijos no lo podemos considerar familia? ¿y si en una casa habitan varias hermanas juntas, acaso no es una familia, es un aquelarre?
Un personajillo suelta que la homosexualidad se produce por una comida de coco de ciertos ámbitos políticos y que tiene cura, que solo es cuestión de terapia (¡¡ como no!!)
Y yo le preguntaría a tan ducha persona ¿qué podemos hacer por ellos, darles radioterapia a las células homosexuales igual que se la damos las células cancerígenas?