domingo, 13 de febrero de 2011

Más asfixia el paro que la contaminación

Hace días que oímos hablar de una nube de polución que asfixia a las dos grandes ciudades del país, Madrid y Barcelona. El hecho de ser dos ciudades con un tráfico intenso con la falta de lluvia que padecemos ha sido el detonante para que los límites de la polución se dispararan y saltaran varias alarmas.

La norma fija que el nivel de 200 microgramos no se puede superar más de 18 veces al año, pero algunas estaciones en Madrid y de municipios del área metropolitana lo superarán durante este episodio de contaminación.
Pero su alcalde lo tiene claro, dos días antes de que se avisara a la población del alto porcentaje de contaminación que sufría su ciudad y de que era mejor usar el transporte público que no el privado, al señor Gallardón no se le ocurre nada mejor que decir que
todo obedecía a una campaña del gobierno en contra del consistorio que preside.
Y el ayuntamiento insiste que los umbrales a partir de los cuales hay que avisar a la población no se han superado, pero que lo hacen por precaución.
Y la web del ayuntamiento señala que la calidad del aire es buena. De primera, no te jiba!
Eso si, ayer bastaba darse una vuelta y ver que la sierra era apenas visible venia a ser lo mismo. Jugaba al escondite ¿a qué si, Señor Gallardón?

La prensa Internacional se ha hecho eco del asunto de la polución y el Financial Times publica un artículo donde dice que la reducción de contaminación anunciada por Gallardón es “una ilusión”

Pero claro no teníamos en cuenta de que en el ayuntamiento de Madrid tienen a la mejor concejal de medio ambiento que se ha visto y se vera, Doña Ana Botella. Quién nos ha dejado perlas como :
• La contaminación en la ciudad "no es nociva para la salud de los ciudadanos".
• Más asfixia el paro que la contaminación
• que el debate sobre la polución está contaminado electoralmente (vamos que se da la manita con su alcalde)


Si señora, eso es una concejala y lo demás son tonterías! Espero que la señora de Aznar tenga twitter y vea la que se ha montado allí a su costa, a ella gracia no le hará pero el resto nos morimos de la risa con los #botellafacts



Barcelona que era la otra ciudad con alto índice de polución ha anunciado que mantendrá unos días, la limitación de 80 kilómetros por hora para las carreteras de acceso a Barcelona. La medida la impuso el tripartito y su eliminación era una de las promesas electorales de Mas.

La Generalitat como mínimo ha admitido que la situación va a empeorar y que miles de personas están respirando aire sucio. Soluciones igual tampoco ponen las que debieran, pero al menos no se ríen del personal es su propia cara y eso como poco es de agradecer.


Humor negro

El tema que trataremos hoy es muy serio, porque nos habla del mundo y de nosotros mismos. Me refiero al humor.

Una de las cosas que diferencia a los seres humanos de la mayoría de los animales del planeta es su capacidad de reír. Más exactamente, de reírse de sí mismo y de sus miserias. Además, el humor es utilizado para trasgredir los límites marcados por la sociedad en la que vivimos.

Para que un chiste haga gracia, ha de provocarnos. Ha de ponernos en evidencia ante el mundo, ya sea por nuestra forma de pensar, aceptando verdades tautológicas sin siquiera planteárnoslas, ya sea por su falta de corrección política.

Por eso el humor blanco (el que no se mete con nada ni con nadie) apenas nos hace poner una mueca en la cara, normalmente creada por lo absurdo que por el chiste en sí. Y por eso los chistes verdes, que tanta gracia nos hacían de pequeños o al mundo hace unas décadas, sólo nos sorprenden si son especialmente escatológicos o fuera de lugar, ya que el sexo para la mayoría de adultos, se ha convertido en un tema de conversación más.

Nos reímos, pues, de lo que no debemos. Da igual si es por nacionalidad, por raza, por estatura o porque tiene piojos. En un chiste podemos ser xenófobos, sádicos o misóginos. Porque es sólo un chiste, y no tiene por qué reflejar lo que pensamos de verdad.

Claro que vivimos en una sociedad que en este aspecto tiene dos problemas importantes: tiende a poner la corrección política por encima de todo, y convierte los comentarios de cualquier persona, por sarcásticos que sean, en paradigma de su opinión.

Eso le pasó al director de cine Nacho Vigalondo, que tenía un blog de cine alojado en la web de El País, medio para el que dirigía y protagonizaba una campaña publicitaria. En resumen, cuando en su twitter llegó a cincuenta mil seguidores, dejó dos mensajes que decían:

  • "Ahora que tengo más de 50.000 followers y me he tomado cuatro vinos podré decir mi mensaje: ¡El holocausto fue un montaje!"
  • "Tengo algo más que contaros: la bala mágica que mató a Kennedy ¡todavía no ha aterrizado!".


Por el primer mensaje fue acusado de antisemita y negacionista, lo cual llevó a la dirección de El País a cortar los vínculos que le unían al director. Eso transformó la discusión en un problema sobre libertad de opinión y de información. El resumen de los acontecimientos, fue bien explicado por la Defensora del Lector de El País.

No comparto la actuación del medio en cuestión, ni las conclusiones de su defensora. Si tomamos los dos mensajes juntos, vemos claramente que no está negando el Holocausto, al contrario, se ríe de los que creen ciegamente en teorías conspiratorias. Podría haber dicho que ha estado en el borde de la Tierra Plana o que estaba rodando la llegada del hombre a Júpiter. La idea de la broma sería la misma. Y no creo que fuese malinterpretado, así que el problema no lo veo en el chiste, sino en los que no lo han entendido.

Dicen también que no se pueden hacer bromas sobre ciertas cosas. Y yo pregunto ¿está prohibido hacer chistes sobre judíos, o sólo sobre el Holocausto? Si no podemos hacer chistes de judíos, ¿no tendremos que dejar de lado también los gitanos y los negros? Ya puestos, tampoco podremos hacer chistes de franceses, o de vascos o catalanes. Ni, por supuesto, bajitos, homosexuales o tontos. Y si el problema son los seis millones de muertes que se produjeron en los campos de concentración ¿Cuántos muertos pueden aparecer en un chiste? ¿Uno, ninguno? ¿Y enfermedades que producen sufrimiento, como el cáncer? ¿Cuánto dolor se puede permitir en un chiste? ¿Podré hacer un chiste de alguien que se pille un dedo en la puerta?

Y a todo esto, ¿puedo dar una opinión que no sea políticamente correcta, pero que no es delito? ¿Está por encima la corrección política o la libertad de expresión? Porque en España, negar el Holocausto nos parecerá una barbaridad, pero no es delito.

El problema radica en que en esta sociedad hay que ser siempre políticamente correcto. Y eso nos convierte en buenos ciudadanos, pero nos coarta como individuos, limitando nuestra libertad e independencia, nos hace más moldeables y fáciles de controlar. Debemos tener espíritu crítico, crear nuestras propias opiniones y ser consecuentes con lo que pensamos, aunque ello suponga reírnos de lo que es serio.

Y es que si dejamos de reírnos de nuestras miserias, dejaremos de ser personas, para convertirnos en individuos.


domingo, 6 de febrero de 2011

Del Primer al último Borbón....

Soy republicana por convencimiento y con convicción. Por no ser no soy ni Juan carlista, termino que viene a decir que de monárquico se es más bien poco, pero que Juan Carlos s cae muy bien. Ni me cae bien ni me cae mal, la verdad es que me es indiferente como persona y como institución creo que nos hace parecer – aun más si cabe- un país de opereta o de tragicomedia, según se mire.

La visión que tengo de la nobleza es aun peor de la que tengo de la monarquía, que ya es decir. Los títulos nobiliarios me parece la cosa mas carpetovetónica que uno se pueda echar en cara, dignos protagonistas de los cuentos infantiles de la época de María Castaña y muy desfasados en estos tiempos que corren, pero son como las meigas, o peores, y haberlos haylos.

Esta semana son dos las acciones que tienen que ver con un Borbón – dinastía a la que pertenece la actual monarquía española y a la que como catalana, ya ni digamos como republicana, tengo muy pocas simpatías. Y digo pocas por no decir ningunas – que han exacerbado mi ya latente anti monarquismo.

Por un lado el pasado 4 de febrero al Rey no se le ocurre otra cosa que ponerse a repartir marquesados como quien reparte caramelos en una fiesta infantil. Y así a voz de pronto nos encontramos con dos nuevos marqueses a los que todos conocemos. EL Marques de Vargas Llosa y el Marques Del Bosque. Ahí es nada, o mucho depende se mire.
Al primero se le concede dicho título después de haber ganado el Nobel de Literatura, recompensa más que merecida a su obra. Y se le convierte en Marques, por gracia de Juan Carlos I, en base a “extraordinaria contribución, apreciada universalmente, a la literatura y a la lengua española”. Nadie duda, al menos yo no, de que el señor Vargas Llosa merece cuanto premio literario tengan a bien otorgarle. Pero, como preguntaba una buena amiga peruana, ¿hacía falta hacerle Marqués?
Al segundo se le otorga, el título, después de haber sido capaz ya no solo pasar de cuartos sino de ganar todo un mundial con la selección de futbol. Y se le convierte en un noble, por la gracia de un Borbón, y “por la gran dedicación al deporte español y su contribución al fomento de los valores deportivos". Me gusta Vicente, me cae bien, pero de ahí a lo que acabo de contar media un mundo.
Ambos títulos son hereditarios, con lo cual tenemos marqueses de Vargas Llosa y Del Bosque pa los restos, ya que difícilmente perderán tal honor.

Este tipo de cosas, este tipo de actos sin sentido son los que hacen replantearme si hemos avanzado un mínimo o si seguimos anclados en los tiempos de la segunda de las acciones que han acabado con mi poca paciencia hacía los títeres más bien pagados de este país.

Ahora retrocedemos unos cuantos siglos en el tiempo y nos plantamos en 1714. Año de la derrota de Catalunya en manos de las tropas borbónicas durante la guerra de Sucesión Española. Hablamos de la época de Felipe V, el primer Borbón.

Hoy iba a celebrarse en un pequeño pueblo de la Catalunya central La Gleva un acto en recuerdo a los 120 patriotas catalanes muertos allí en manos de las tropas borbónicas. Iban a dispararse salvas de honor, lo iban hacer los trabucaires. Pero no ha podido ser así, se han prohibido esas salvas de honor. ¿Porqué? pues el motivo no es otro que un informe de la GUARDIA CIVIL quien considera que este acto no es una fiesta popular reconocida, en base a ello la subdelegada del gobierno español en Catalunya decide prohibir las salvas, dándose el caso de que si se producen la delegación del gobierno podría retirar la licencia de armas a los autores e incluso requisarselas.

Alucinar, cuando lo leía en sendos artículos de Nació Digital es poco.
De verdad alguien puede pensar que un acto de estas características puede ser una fiesta popular? en que país vivimos?
La Guardia Civil aun tiene los mismos privilegios y el mismo peso que hace cincuenta años o es que hemos retrocedido por el túnel del tiempo?
No le veo la lógica ni el sentido. Se puede estar, o no, de acuerdo en estos actos, pueden entenderse, o no. Pero de ahí a decir que no es una fiesta popular.... manda huevos!!! Que estamos hablando de la masacre de 120 personas que murieron en manos de un ejercito, que entró en sus tierras cual elefante en cacharrería. Hablamos de rendir honores a unos patriotas no de el baile del farolillo.
Está claro que la guardia civil necesita clases urgentes de cultura popular y de historia.

Ambos casos no tienen nada que ver el uno con el otro, pero si tienen un denominador común, el primer y el último, hasta el momento, Borbón.

Solo me queda añadir....Viva la República!!!!!!


Revolución

En este mundo tan acelerado, de consumo rápido, las noticias tienen la misma esperanza de vida útil que cualquier otra cosa: muy escasa. Surge un tema considerado interesante, al que los medios le dedican una atención intensa durante unos días, y cuando ya la gente se acostumbra al tema y disminuye la atención, se empieza a pasar página, buscando otro tema con el que llenar las portadas y anestesiar a la población.

En esta ocasión, el tema de la semana viene desde Oriente Próximo, más concretamente desde Egipto, donde una gran revuelta social está intentando derrocar al presidente Hosni Mubarak.

Egipto es, en teoría, una democracia. Digo en teoría, porque su presidente ha sido reelegido con mayoría aplastante cinco veces seguidas (lleva en el poder desde 1981), en votaciones donde se han denunciado numerosas irregularidades. Ahora, tras unas nuevas elecciones calificadas de fraudulentas, la población ha decidido salir a la calle para echar al supuesto tirano.

Si nos atenemos a las informaciones, los egipcios han abierto los ojos de repente, y se han dado cuenta que estaban gobernados por un tirano, y que merecen vivir en una democracia, creyendo firmemente que lo que venga después, será siempre mejor. Los manifestantes son buenos, Mubarak es malo.

Claro que Mubarak no era tan malo cuando llegó al poder hace ya casi treinta años, cuando Egipto se convirtió en casi el único aliado musulmán de Israel, o tenía una visión de los problemas de la zona que se parecía mucho a la de Estados Unidos, llegando a convertirse en un fiel aliado que frenaba el avance del integrismo de la zona (al igual que hacía Sadam Hussein en Irak, o Bin Laden con los rusos en Afganistán.

Tampoco era tan malo cuando Egipto sufrió una ola de atentados cuyos objetivos eran los autobuses de turistas extranjeros. Esos atentados se supone eran obra de los Hermanos Musulmanes, cuyo objetivo era convertir Egipto en un país islamista, lo cual chocaba contra los intereses económicos sobre la zona. Mubarak era el que mantenía a los retrógrados a raya.

Ahora, tres décadas después, bajo el acoso de una revuelta que no sabemos quién ha iniciado ni qué intereses tiene, no resulta rentable defenderlo, y los países occidentales piden la salida del líder egipcio.

Nos dicen que los jóvenes egipcios buscan la democracia. Parece ser que el hecho de que la segunda fuerza política en Egipto sean los otrora terroristas Hermanos Musulmanes es algo anecdótico, y que no hay peligro de convertirse en un estado integrista.

No defiendo a Mubarak, ni condeno a los insurgentes. Tampoco hago lo contrario. Las informaciones que recibimos siempre sobre estos acontecimientos es tan sesgada que no podemos tomar una postura bien informada. Será el tiempo el que diga si ésta es una revolución democrática, o un golpe de estado para poner a un Imán al mando.

Pero eso será en el futuro, cuando las cámaras se hayan marchado, nos hayamos olvidado de los jóvenes de la Plaza de la Libertad, y tengamos toda nuestra atención centrada en la nueva noticia de la semana.



domingo, 30 de enero de 2011

La "i" minúscula

Llevamos tres largos años mareando la perdiz de la crisis económica. Después de tanto tiempo, las cifras deberían haber empezado ya a mejorar, pero esto no está ocurriendo.

¿Por qué? nos preguntamos todos. La mayoría tiene claro que el único motivo es la incompetencia del gobierno. Muchos, por la desfachatez del mercado, que obligó a los gobiernos a endeudarse fuertemente para salvar el sistema financiero, y ahora el propio sistema especula precisamente por este alto endeudamiento. Más de uno cree que es la Ira de Dios. Y siempre podremos encontrar gente que defienda los argumentos más locos.

Aparte de considerar que casi todos tienen su parte de razón, y el motivo sería una suma de casi todos ellos (no creo que Dios se meta en asuntos financieros) existen otros motivos para que la recuperación en países como España vaya todo más lento.

La mayor parte del crecimiento económico español de las últimas décadas, han venido de la mano de la construcción y del turismo. Poca industria, poca producción. Mucho servicio y poco bien. Poco progreso real. Teníamos un modo de crecer que garantizaba números rápidos, pero poco estables. Y eso lo estamos pagando.

¿Y por qué tan poca industria? Para entenderlo, hay que retroceder en el tiempo muchos años. Casi treinta. Cuando Felipe González llegó al poder. Se encontró con una industria vetusta, que arrastraba muchos problemas, con un sistema de producción tan anticuado que no era competitivo. Las grandes industrias españolas arrastraban grandes pérdidas y había un riesgo real de colapso. Para evitarlo, realizó una reconversión industrial que fue dura, dolorosa, que dejó a miles de personas sin trabajo. Pero era necesario hacerla.

Una parte de esa reconversión fue la creación de un plan de Investigación y Desarrollo (I+D). Era necesario invertir en investigación para poder tener tecnologías propias. Y era necesario poder convertir esas tecnologías en productos con los que poder competir en un mercado cada vez más competitivo y globalizado.

Esa reconversión a la larga fue beneficiosa, ya que permitió al país remontar y empezar a crecer a un ritmo importante, ayudado también por el dinero que llegaba desde la Unión Europea a la que acabábamos de llegar. El aumento de los presupuestos de I+D tuvo una labor importante en esa remontada.

Tras catorce años en el poder, llegó el cambio de Gobierno. Corría el año 1996 cuando José María Aznar llegó al poder. El cambio se produjo al final de una crisis. El nuevo gobierno, para acelerar el crecimiento, optó por varios cambios en el esquema productivo nacional. Se dio mucho peso al mercado inmobiliario, que estaba poco desarrollado en España y daba mucho margen de mejora, se potenció el turismo más de lo que estaba ya, y se produjeron cambios en la I+D.

Se dejó de hablar de I+D, para pasar al I+D+i (Investigación, Desarrollo e Innovación). La innovación tiene muy poco que ver con la I+D, ya que poca investigación requiere, y los resultados parecen novedosos, pero realmente no lo son. Es, como diría Homer Simpson, “coger algo que ya funciona y añadirle un reloj o algo así”.

El motivo de añadir la “i” minúscula es la necesidad de maquillar cifras. Se amplían los presupuestos, parece que vamos progresando, pero realmente poco nuevo hay bajo el sol. Es útil para conseguir buenos resultados a corto plazo, pero a largo… la cosa se tambalea.

Llega el año 2004, y se produce otro cambio de gobierno. Entra José Luis Rodríguez Zapatero, que se encuentra con una economía en franco crecimiento, pero muy desequilibrada. Seguramente sabe que ese desequilibrio a la larga creará problemas, sería necesaria otra reconversión profunda para conseguir un crecimiento menor, pero más seguro.

Tuvo tres años para arreglar las cosas antes de que estallase la crisis. Pero (ya sea por miedo, por mantener su eterno talante o porque la reducción drástica del crecimiento nada más llegar al poder le parecería ser un inútil) no hizo nada.

Si Aznar no hubiera creado un modelo económico de resultados rápidos pero poco sólidos, o si Zapatero hubiera hecho su trabajo cuando podía hacerlo, y no cuando ya es demasiado tarde, la crisis habría llegado y habría sido igual de dura, pero al menos, saldríamos antes de ella.



Pedraz: un Juez que cumple con su trabajo

Hace ya ocho años que termino esa guerra en la que nunca debimos vernos involucrados, pero a la que, gracias a los delirios de tres Presidentes, acudimos. En toda guerra se producen bajas, en todo conflicto armado mueren inocentes, es ley ¿de vida? más bien de guerra.
Nunca he entendido - me niego hacerlo ya que para mi es un sinsentido enorme – lo del fuego amigo. ¿Amigo de quien? de nadie.

En toda guerra hay desplazados periodistas que nos mantienen informados de lo que allí ocurre, es la única manera de sacar algo en claro, de saber que pasa y porque pasa. Y siempre hay alguno que pierde la vida en el ejercicio de su profesión. O bien porque van empotrados, caso de Anguita en el conflicto de Iraq, y los mata el fuego enemigo (repito que para mi no hay fuego amigo, todo fuego es enemigo de la vida) o bien porque nos dicen que el fuego amigo erró el tiro, caso del cámara José Couso.

La muerte de Couso levantó polvareda desde el mismo momento en que se produjo, desde el mismo instante que vimos a su compañero, Jon Sistiaga, explicar como habían acontecido los hechos. Su familia, su compañero, sus amigos no han cesado en el empeño de esclarecer las causas de esa muerte. Muerte que se produce cuando las fuerzas americanas entran en Bagdad, como elefante en cacharrería, y disparan contra el hotel Palestina, lugar donde se hallaba toda la prensa internacional, pensando –dicen y se supone debemos creerles, que lo hagamos o no es otra historia que va a conciencia de cada uno – que eran francotiradores.

A finales de noviembre, el País a través de los documentos de la Wikileaks nos demuestra como EE.UU. juntamente con el gobierno español trabajaban para poder cerrar el caso Couso.
Pero este es un país que a veces tiene golpes escondidos y jueces que saben estar a la altura de las circunstancias, por mucho que después paguen caro el hacer bien su trabajo e involucrarse en él, ¿recordamos a Garzón y sus circunstancias?, más vale que lo hagamos ya que hay otro juez, de la Audiencia Nacional, que puede convertirse en un “juez incómodo” y no es otro que Santiago Pedraz, sucesor de Garzón.

El magistrado se ha dado cuenta que desde su sillón de la audiencia Nacional es casi imposible esclarecer los hechos, no puede ver si la muerte de Couso fue un asesinato en toda regla o solo fue un error. Pedraz se mueve, levanta el culo del mullido sillón de su despacho y se va a Bagdad, a la habitación donde el cámara perdió la vida, al puente desde donde le dispararon. Y todo ello a pesar de los inconvenientes que va encontrándose por el camino.

La fiscalía no lo entiende –que coño va a entender la fiscalía, si fue ella quien intentó esconder el problema bajo la alfombra – y dice que ve Ilegal que el Juez se desplace a Bagdad. A pesar de que el gobierno de Iraq autorizó formalmente la visita del Juez para investigar la muerte de Couso, una vez allí se encontró con la desagradable situación de que el ejercito iraquí le dificultaba poder realizar su trabajo, cuando han llegado al puente Aljumiraya, le han impedido llegar al punto exacto desde el que se produjeron los disparos al hotel Palestina, el juez ha tenido que quedarse 20 metros antes del punto exacto y sacar desde allí las fotos que necesitaba para su investigación.

Pedraz es un juez con un par, los tiene bien puestos, le da lo mismo que la fiscalía diga que no es legal, le importa poco que la fiscalía decida no desplazarse a Bagdad con él. Sabe que va a territorio peligroso, que las cosas no serán fáciles allí, pero también sabe que hace ocho años eran aun peores y que los profesionales de la comunicación que ahora le acompañan estaban allí para dar puntual cuenta de lo que ocurría en una guerra en la que nunca deberíamos haber estado.

Igual no puede hacer nada, no puede procesar a los militares que acabaron con la vida del joven cámara, igual tiene que archivar el caso por falta de pruebas, de medios o de vaya usted a saber que. Pero si algo de eso ocurre nadie podrá decir que ha sido por falta de ganas de saber la verdad, que ha sido porque una vez más el juez ha pasado de todo. Esta vez no, esta vez el Juez ha dado un ejemplo que sus ilustres colegas deberían seguir, claro que eso le ha convertido en otro juez en el punto de mira, como ocurrió con su colega y predecesor Baltasar Garzón


domingo, 23 de enero de 2011

Okupas y propiedad privada

La Constitución Española reconoce, entre otros muchos, el derecho a la propiedad privada y el derecho a una vivienda digna. El problema surge cuando ambos derechos llegan a ser incompatibles, como ocurre para miles de personas en una sociedad en crisis y con el precio de la vivienda inasumible, incluso en alquiler.

Y es que no debería ser normal que en nuestro país haya casi tres millones de viviendas desocupadas, mientras tanta gente queda abocada a vivir en al calle, o hacinados en pisos que no pueden ni garantizar el espacio vital de sus ocupantes. No debería ser normal, pero lo es.

La solución que toman algunos parece lógica: ya que hay pisos vacíos, me meto en uno, y aguanto allí hasta que me echen. Y después ya veremos.

Cuando ocurre con ciudadanos particulares, pocos se enteran de la situación: como mucho, los vecinos, que lo aceptarán o no dependiendo de lo buenos vecinos que san. Después, llega la policía, los echa, y aquí no ha pasado nada.

Otra cuestión es cuando la ocupación se realiza por cuestiones políticas o sociales. Entonces ya cambia hasta el nombre, pasando a ser okupación. Suele ser realizada por jóvenes de izquierdas, llamados antisistema (sistema y antisistema son dos hermosas palabras que merecen un análisis independiente). Es normal, ya que los okupas tienen la convicción de que el derecho a la vivienda digna o al desarrollo de las personas están por encima de la propiedad privada.

Digo desarrollo de las personas, porque una de las vertientes de la ocupación es la toma de edificios públicos o privados abandonados, de gran tamaño, para usarlos como centro cultural autogestionado, como protesta ante la falta de espacios lúdicos en muchas zonas de las grandes ciudades.

Eso mismo ocurrió en Zaragoza, donde unos centenares de okupas decidieron tomar la antigua cárcel de Torrero, montando allí un centro cultural. Los vecinos, que habían reclamado darle precisamente ese uso al edificio, no pusieron objeciones, se mostraban encantados con la decisión tomada por los jóvenes. Y como centro cultural para el barro funcionó durante unos meses.

Pero, por supuesto, el Ayuntamiento quiere mantener el control de un edificio con alto valor histórico y arquitectónico, aunque no le de ningún uso y deje que se deteriore. Manda a la policía a desalojar el edificio, de madrugada, para que los vecinos no puedan protestar. Porque los vecinos quieren que se queden ahí.

Mirándolo bien, la situación tiene su punto tragicómico. La policía atacando una cárcel, para intentar sacar a unos jóvenes delincuentes de ella. Y estos jóvenes que se resisten, porque no quieren salir de la cárcel.

Esto ocurrió en Zaragoza hace unos días, pero ocurre todos los días en cualquier punto del país. Y es que es más importante la propiedad de algo que no vas a utilizar, que dar un buen uso a un edificio que su dueño no quiere utilizar.

Maravillas de la sociedad.